Ah, la identidad

SANTIAGO GONZÁLEZ – 01/05/14

Antich-Díez
La Voz Libre

 

 Todo está en la captura de pantalla de La Voz Libre. La obsesión identitaria, esa manía adolescente de medirse cada mañana el atributo del soberanismo tenía que llevar a esto. Yo lo comprendo muy bien: todos los adolescentes y hablo por mí, con una población muestra del 100%, acostumbrábamos a medirnos el foral, con la preocupación de no estar por debajo de los estándares. Y él ha descalificado la opinión de RD, de que en Cataluña hay falta de libertad.

“¿Quién coño se ha pensado que es esta mujer?” se ha preguntado un tipo cuyo currículo profesional se define en su situación actual: Ex director de La Vanguardia. Tertuliano de ‘El Mon a Rac1′. Él parece creer, sin embargo, que sigue siendo lo que fue.

Con la bienaventurada intención de ilustrar a quien no sabe, aclararé algo las brumas identitarias de Antich, deshaciéndole un primer error conceptual que siempre está en la base de todo conflicto identitario. No le hablaré, pues, de lo que piensa esta mujer o de lo que yo pienso que representa esta mujer. Le hablaré de lo que sé: Es la portavoz de un Grupo Parlamentario que representa en el Congreso de los Diputados la voluntad soberana de 1.140.242 españoles, que son 125.979 españoles más que los que representa Convergència i Unió, el grupo cuyas  posiciones e intereses ha servido como un director de La Vanguardia tan obsecuente con el poder que quizá solo tiene precedente en Luis de Galinsoga que dirigió ‘La Vanguardia Española’.

Antich ahora no es más ahora más que un tertuliano de una emisora regional que dio la medida de lo suyo en aquella memorable tertulia en 8Tv, en la que él, el moderador Cuní, Rafael Nadal y Pilar Rahola hicieron el ridículo frente a un Albert Rivera que los barrió. En aquella tertulia fue donde Rahola dijo lo de la sentencia del Tribunal de La Haya favorable a la independencia catalana, ante la impavidez de sus contertulios y del moderador, que de vez en cuando les echaba una mano. Pero verá, señor Antich, en sus momentos de gloria usted no puede arrogarse más representación que la de sus lectores. La Vanguardia tiraba 233.220 ejemplares. No digo ‘vendía’, porque una parte sustancial de la tirada estaba subvencionada por el Govern al que tan entregadamente servía y se regalaba -y regala- en los transportes públicos. O sea  que  esta señora representa a 907.013 españoles más que usted a lectores de periódico. Ante su desdeñosa pregona, cabe preguntarse más bien: “¿Quién cojones se ha pensado que es este hombre?”

No sé por qué, últimamente, las pasiones catalanas me recuerdan al personaje de Mendoza  que sale del frenopático para resolver crímenes tan a su manera. En una de sus primeras novelas, no sé si ‘El misterio de la cripta embrujada’ o ‘El laberinto de las aceitunas’, el anónimo protagonista es sorprendido por la Policía en el escenario de un crimen, con el cadáver presente. Él se dirige al inspector y le dice con mucho aplomo: “No sabe usted, pollo, con quién está hablando”, a lo que el policía responde: “Sí lo sé: con una mierda pinchada en un palo”. Dicho sea como una mera asociación de ideas, sin ánimo de comparar. Y mucho menos de ofender, naturalmente.

SANTIAGO GONZÁLEZ – 01/05/14