Miquel Escudero-El Correo

  • Robert F. Prevost transmitió su mensaje cristiano con afabilidad y respeto.

La larga visita a España –una semana entera– del papa León XIV ha sido una tregua breve en la convulsa vida política. Robert F. Prevost transmitió su mensaje cristiano con afabilidad y respeto. Con una actitud inmejorable, nos ha convocado a guardar conciencia de la dignidad de ser persona y pedido que nadie agache la cabeza, temeroso del desprecio y odio que oprime y aniquila. Ha apelado a no encerrarse en «ideologías prefabricadas»(incapaces de absorber la realidad cambiante) ni en narrativas que dividen, polarizan y simplifican lo que no se puede. En aras de sostener la estabilidad y la prosperidad social se requiere lo que denominó una «cultura de encuentro» y no de enfrentamiento; esto supone penetrar en las zonas del bien común, rechazar el gusto por ofender y agredir y desestimar de forma sistemática inclinarse por el partidismo beligerante.

Ahora bien, otra cosa es expresar abiertamente las discrepancias que se tengan. Hace ocho días, el secretario general de Junts declaraba literalmente en una entrevista del diario barcelonés ‘La Vanguardia’: «Sánchez no para de generar combustible para la ultraderecha por gobernar a golpe de decreto y de espaldas a un Parlamento en el que no tiene mayoría. También por las políticas de postureo y por atacar un tipo de corrupción y defender otro por acción u omisión. Esto no da más de sí».

Es un párrafo significativo que podría haber pronunciado perfectamente alguien del Partido Popular (o de otra militancia, acaso de ninguna). Chirría que, por su interés particular, Sánchez integrase a Junts en un bloque de progreso. Pero, como dice Turull: «Esto no da más de sí». Tiempo al tiempo