Algunas diferencias

EL MUNDO – 17/07/15 – CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO

· Hábilmente, Artur Mas ha dejado el protagonismo mediático de su último salto en el vacío a sus subalternos.

Ayer fueron Oriol Junqueras y Raül Romeva los encargados de difundir a los cuatro vientos la buena nueva del nacimiento de una candidatura que llevará a Cataluña a la independencia no en año y medio, sino en seis meses.

El líder de ERC explicó que, de lograr la mayoría absoluta el 27-S, el Gobierno impulsará en el Parlament una «ley de transitoriedad jurídica», una especie de norma puente para transitar desde la legalidad española a la catalana. «Para dar seguridad jurídica», añadió Junqueras. Preguntado por la hoja de ruta hacia el Estado catalán, cuya construcción está por encima de las ideologías, respondió que no quería «dar pistas», para no facilitar el trabajo al Estado español.

Por su parte, el número uno de la lista, puesto sin relevancia alguna ya que el presidente, de ganar, será Mas, declaró que «la lista unitaria es la papeleta del sí, la posibilidad de votar que nunca hemos tenido».

Cintura no le falta a Mas, ya que Romeva le dedicó durante su etapa de político profesional (que concluyó hace unos meses) sonoras descalificaciones. Pero no importa. Si es por la independencia, pelillos a la mar.

Algunos dirigentes catalanes, Romeva no es una excepción, tienen la manía de decir que en Cataluña no se vota, cuando es la comunidad autónoma que ha vivido más elecciones en los últimos años. Y eso sin contar el referéndum/farsa del 9 de noviembre.

La candidatura unitaria, encabezada políticamente por el presidente de la Generalitat, juega abiertamente a vulnerar la legalidad. Las elecciones del 27-S son unas elecciones autonómicas, no un plebiscito sobre el estatus de Cataluña. Pero Mas ha convertido la burla a la ley en algo políticamente correcto. Todo en su forma de actuar está marcado por una pretendida astucia. Resulta cómico ver a Junqueras imitándole en ese juego pueril al negarse a «dar pistas», para tener despistado al malvado Estado español.

Pues bien, éstos son los políticos que quieren llevar a Cataluña al paraíso. Pero, por más que nos haga gracia, el reto al que se enfrentan el Gobierno y el Estado es importante. No es para tomarlo a broma.

Para empezar, no hay instrumentos jurídicos para evitar la convocatoria de las elecciones autonómicas. Mas puede convocarlas y, aunque diga que son para otra cosa, difícilmente el Tribunal Constitucional podría suspenderlas en caso de que la Abogacía del Estado presentara un recurso.

Si la candidatura de Mas, ERC y las asociaciones civiles logra la mayoría absoluta, el primer paso que dará será la aprobación de una declaración de independencia en el Parlament. Y parar eso es muy complicado.

Lo que tenemos ahora enfrente no es sólo un reto jurídico (que también), sino, sobre todo, un desafío político. Y es ahí donde el Gobierno y los partidos políticos no independentistas deben estar a la altura de las circunstancias.

No es que haya que hacer una candidatura unitaria no soberanista, que sería un error. Pero Ciudadanos, PSC y PP tienen que asumir con todas sus consecuencias lo que está en juego. Lo que hace distinta a Cataluña («Cataluña is different», dijo ayer Pablo Iglesias) no es sólo el nivel de sus políticos, sino que allí sólo se escucha una voz. Y, sin embargo, a la mayoría apenas se la oye.

EL MUNDO – 17/07/15 – CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO