Anacronismo electoral

EL PAÍS 18/12/15
EDITORIAL

· La prohibición de sondeos y la jornada de reflexión son ahora injustificables

La prohibición de publicar encuestas electorales durante los cinco días previos a las votaciones es indefendible desde una perspectiva democrática. Lo más sangrante es que las empresas especializadas en sondeos trabajan a toda máquina durante estos días, pero solo un reducido grupo de operadores políticos tiene derecho a conocer los resultados de su trabajo —en la medida de las posibilidades económicas de cada cual—. Mientras tanto, se mantiene en la ignorancia de esos datos a millones de personas que están tomando decisiones para el 20-D, un imperativo legal que pretende prolongar la desinformación hasta que se cierren los colegios electorales.

Una cosa es exigir el cuidado técnico en la realización de sondeos, que deben estar sometidos a condiciones de calidad y a cautelas frente a la posible manipulación; y otra, que se prohíba la difusión de encuestas pese a cumplir con los requisitos. El pueblo no está constituido por un conjunto de menores de edad a los que deba protegerse desde un trasnochado paternalismo, sino que es el sujeto de la soberanía nacional. Dejarle a oscuras sobre los sondeos de los últimos días constituye una ofensa a los derechos de ciudadanía y una restricción de la libertad de información reconocida en la Constitución.

La posición de los prohibicionistas resulta tanto más insostenible cuanto más avanzan las tecnologías de la comunicación. Imposible ignorar el mayor dinamismo de la sociedad, que conduce a situaciones tan chuscas como hablar de precios de frutas y hortalizas en las redes sociales para sortear la prohibición de presentar a las claras la evolución de las intenciones de voto, y que solo una élite tiene el derecho legal de conocer. Solo para sus ojos.

Tampoco hay motivos razonables que justifiquen la denominada jornada de reflexión, es decir, el silencio forzado en la campaña durante el día previo a las votaciones. Agotados por el esfuerzo de los constantes desplazamientos —de utilidad bastante discutible—, solo los candidatos apreciarán la existencia de un día de descanso entre tanto viaje. Sin embargo, la jornada de reflexión de nada sirve a la ciudadanía, que escucha a su alrededor, ve y lee innumerables referencias a la campaña recién terminada y a las inminentes votaciones.

Resulta verdaderamente lamentable que los partidos dominantes en anteriores legislaturas hayan hecho oídos sordos a todas las sugerencias para eliminar las restricciones anacrónicas impuestas por la legislación. Y es más que probable que la reforma del sistema electoral será una de las cuestiones que se planteen en las discusiones entre partidos políticos durante la próxima legislatura. A este respecto hay que decidir sobre asuntos tan importantes como introducir reglas más o menos proporcionales, cambiar el sistema de circunscripciones, acabar con las listas cerradas o atribuir primas de escaños a la opción más votada. Pero la reforma también debería enterrar la prohibición de difundir sondeos durante los cinco días anteriores a las votaciones y de silenciar el discurso político en la jornada previa a la elección.