Anomalía

DAVID GISTAU – ABC – 30/10/15

· Por segunda vez en este siglo, nos dirigimos hacia una campaña electoral reventada por una anomalía.

Llevaba un tiempo pensando en escribir acerca de esa hipérbole llamada Segunda Transición. Sobre cómo no es posible comparar el desmantelamiento de una dictadura excluida de Europa, entre conspiraciones golpistas y terrorismo feroz, con lo de ahora, que es la salida de una crisis económica –con sus mesianismos oportunistas– y la revisión de una democracia que se ha diagnosticado un problema de corrupción. Sé que esa idea de la analogía histórica conviene a actores que juegan a la transversalidad suarista, como Rivera, o a la solemne instancia constituyente sobre los escombros de lo viejo, como Iglesias.

Pero es pura retórica electoral. La Segunda Transición, si es que llegó a asomar, quedó resuelta con la estabilidad con que la que fue completado el relevo en la jefatura de Estado y con el aire ya rutinario del nuevo Rey, cuya posición es sólida y no huele a elefante muerto ni a infanta con collar de María Antonieta. Con eso amarrado, lo demás serían problemas compartidos con muchas otras de las democracias europeas en tiempo de crisis, sin singularidades castizas. Eso pensaba escribir. Pero, y pido un redoble de tambor porque llega el pero. Cataluña. ¡Ding! (Platillo).

Por segunda vez en este siglo, nos dirigimos hacia una campaña electoral reventada por una anomalía. Esta vez no se trata de bombas, y al menos por eso hay que felicitarse, sobre todo cuando en ciertos ámbitos, con la enorme frivolidad de quien mueve fichas y no humanos, empieza a decirse que la acepción contemporánea del problema catalán está cerca de aportar sus primeros muertos: sigo creyendo que la burguesía convergente se asustará mucho antes de lo que ha hecho y de la ralea de a quién ha «empoderado».

No se trata de bombas, pero sí de algo ante lo cual, como decíamos el miércoles, todo lo demás queda postergado. Ello es un desastre para partidos como Podemos, que han basado todo su discurso en el paradigma social y ahora descubren que en el Gran Tema Electoral, o no tienen postura tomada o, si la tienen, es eliminadora para quien pretende ser un estadista nacional: todos los redentores de los desahuciados acaban de quedarse, como dicen los argentinos, mal parados en la cancha. A diferencia de Ciudadanos, que se descubre en una perfecta demarcación de cinco o medio centro, un Xabi Alonso político y casi igual de guapo.

Otra diferencia entre las bombas y este «halloween» en el que suena el timbre y es la CUP es que lo primero ocurrió apenas tres días antes de las urnas y por ello desató una rebatiña repugnante entre partidos que ahora mismo parece contenida. Es más, los dos «presidenciables», con permiso de Rivera, aún se hacen fotos en las que impostan una cohesión constitucionalista que, mucho se teme este cronista del pesimismo, se volverá endeble cuanto más se acerquen las urnas. Sería una sorpresa que, esta vez, el PSOE se resistiera a ganar las elecciones a base de declarar culpable al PP de algo anómalo que le ocurre a España mientras el PP gobierna.

DAVID GISTAU – ABC – 30/10/15