Tonia Etxarri-El Correo

En el Congreso de los Diputados no suelen producirse escenas tan comprometedoras como la protagonizada por la dictadora venezolana, Delcy Rodríguez, al ir a besar a Pedro Sánchez en la asamblea de la ONU antes de verse, a puerta cerrada, con Donald Trump. Pero transcurren secuencias grotescas, más propias de un esperpento que de una sesión parlamentaria.

La expulsión de la diputada del PP Ana Vázquez por haber mostrado en el hemiciclo un bote de gas pimienta para denunciar la inseguridad que viven las mujeres y niñas ceutíes paralizó por un momento el debate. La decisión de la presidenta, Francina Armengol, que acusó a la diputada popular de haber exhibido un arma, desvió la atención sobre la crisis de Ceuta. La colisión de interpretaciones sobre el reglamento de armas y el reglamento del Congreso, hicieron el resto.

En la historia reciente de la Cámara baja, el inventario de objetos raros exhibidos es realmente extenso. El espray de ayer no era el silbato de Baldoví (Compromís) en 2012. Ni las balas que mostró Rufián, años después, en la tribuna, que tenían más de bélico que de bucólico. Eran municiones recogidas en la zona fronteriza de la valla de Melilla. La presidenta de la Cámara era entonces Meritxell Batet. Esa exhibición era un «error imperdonable», le dijo. Pero ni habló de armas ni lo expulsó.

El espray exhibido ayer por la portavoz popular en la comisión de Interior es de los que utilizan los ceutíes que son vulnerables, especialmente mujeres y niñas, ante posibles ataques de algunos de los ‘nuevos vecinos’ procedentes de Marruecos. No es una sensación subjetiva. En dos meses se han registrado 37 agresiones sexuales cuantificadas por la Comisión Permanente del CGPJ.

De la idea del vaciado del espray en los baños por parte de un empleado del PP, que acabó provocando daños a doce personas, hay que extraer dos conclusiones. Que el producto como arma de autodefensa es eficaz. Y que nadie puede saltarse el reglamento del Congreso. Tampoco el ministro Óscar Puente, que se dedicó a divulgar las imágenes del momento en que la diputada le da el espray a su compañero para que lo vacíe. Solo los periodistas gráficos acreditados pueden grabar dentro de la Cámara y difundir las imágenes.

A pesar de los numeritos y las maniobras de distracción siempre, al fondo, volvió a aparecer Ceuta. Y así será por mucho tiempo.

El reconocimiento de Pedro Sánchez de que el mecanismo de control fronterizo (de Marruecos) había fallado, en respuesta a la CNN, no es como para hablar de una actitud exigente con el reino alauita. Es un cambio de paso, sí; pero en la forma. No pone a Marruecos en apuros. ¿Dónde está el cambio? En que ahora el Gobierno escucha las alarmas.

Hemos aprendido que la presión migratoria es una herramienta de coerción muy eficaz cuando la vulnerabilidad de las fronteras queda al descubierto. Se va acabando la legislatura y nos esperan meses muy aclaratorios. ¿Qué se va a hacer cuando lleguen nuevas avalanchas de inmigrantes? Pedro Sánchez, después de encontrarse con el alcalde de New York, Mamdani, el faro emergente de las izquierdas en horas bajas, dijo que la inmigración nos fortalece. Claro, pero regulada y legal. Lo de Ceuta ha sido mucho más que un problema migratorio.