Luis Ventoso-El Debate
  • Cuando se dice que tomar un café con alguien no es reunirse con alguien el problema ya no es político, es metafísico y moral (y un choteo)

Aprimera vista parece política (o cutre-política). Pero ha ido derivando en un debate metafísico: ¿Son las cosas lo que parecen o son algo totalmente distinto? ¿Es posible estar y al mismo tiempo no estar? ¿Se puede decir una cosa y su contraria teniendo la razón con ambas posturas? Viejas preguntas que han ocupado a mentes muy dotadas desde los días de oro de la Grecia clásica. Por fortuna, ahora el PSOE está resolviendo también esas cuestiones.

El 3 de junio del año pasado, El Debate publicó que Mercedes González se había reunido con Leire Díez, protagonista de la trama del PSOE para frenar las investigaciones sobre la corrupción de Ferraz y de la familia de Sánchez. Aquella exclusiva de Alejandro Entrambasaguas fue desmentida de inmediato por Mercedes González, y más tarde también por su superior, el ministro Marlaska, que se ha revelado como un mentiroso compulsivo. Como es habitual, el Gobierno desdeñó la información con un soniquete despectivo.

A comienzos del mes pasado, el ministro del Interior todavía continuaba mintiendo con desparpajo: «La directora de la Guardia Civil no ha tenido ninguna reunión con Leire en términos de ningún tipo», decía Marlaska, muy serio y airado él.

Pero unos días después, Mercedes González, sabedora de que los investigadores conocían sus encuentros, asumió en un interrogatorio en el Senado que se había visto dos veces con Leire (y según el sumario son al menos tres).

Primera conclusión: el ministro del Interior y la directora general de la Guardia Civil, que sigue en el cargo pese a estar imputada en un caso de guerra sucia contra su propio cuerpo, mienten como bellacos. Su palabra es aguachirle y su moral, papel de fumar.

Pasemos ahora a deleitarnos con la segunda parte de este entuerto, la metafísica. La estrategia que ha adoptado el Gobierno para restar cualquier importancia a los encuentros de Mercedes y Leire es que no se reunieron, sino que tomaron café. La directora de la Guardia Civil explicó así en el Senado este hallazgo filosófico: «Yo no he mantenido nunca una reunión con Leire Díez. Yo me he tomado un café con Leire Díez. Punto» (ese «punto» pronunciado además con tono chuleta, de campeona).

Montse Mínguez, una ilerdense que estos días es la portavoz del PSOE, puesto que rota más que el banquillo de Florentino, lo repetía ayer con énfasis: «Una reunión y un café es muy diferente». ¡Bienvenidos a la máquina de la idiocia!

Si te reúnes con alguien tomando un café no te reúnes. Notable sandez. Al parecer la cafeína vuelve invisibles a los interlocutores. Si eres la directora de la Guardia Civil y te citas para intrigar contra la UCO con una enviada de Santos Cerdán –y de alguien de más arriba–, esa cita no existe si se celebra en un café.

Si un número de la Benemérita es imputado debe ser apartado. Pero si los imputados son la directora del cuerpo y el DAO, no. Y si una tía que dicen que no era nadie tiene acceso al número dos del fiscal general, a la presidenta del PSOE, a un jefe del gabinete de Sánchez y al secretario de Organización del PSOE se debe a que en este país nos encanta tomar café (que no reunirnos, que eso es otra cosa).

Un mundo feliz. Si un cargo del PSOE sorprende algún día a su pareja en el tálamo con otra persona, dejándose llevar por las pulsiones concupiscentes, no debe preocuparse lo más mínimo: una cosa es estar juntos en la cama y otra es estar encamados. La lógica sanchista así lo establece.

Conclusión de nuestra exploración metafísica: han perdido el respeto por la inteligencia del respetable. O dicho en plata: además de robar y de no hacer nada, nos toman por imbéciles, fieles a las enseñanzas del gran líder pato laqueado, que todavía no ha dado acuse de recibo de que tiene escondido en la Moncloa a un hermano condenado por prevaricador y a una mujer que se va a sentar en el banquillo bajo la mirada de un jurado popular. El grito de ira que se escuchó en la Moncloa al saber que la Audiencia de Madrid daba la razón al viejo Peinado debió resonar hasta en Torrelodones. La vida es dura, my friend, incluso con Falcon.