Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • El Gobierno celebra en términos de reconciliación el fallo del TJ

El Tribunal de Justicia Europeo anunció ayer su decisión: la ley de amnistía es conforme al Derecho comunitario. La ley que funcionó como condición para el apoyo de Junts a la investidura de Pedro Sánchez no presenta problemas por el lado de la malversación de fondos europeos ni tampoco por el de la lucha contra el terrorismo. ¿Y por el lado de su naturaleza instrumental, contradictoria, abusiva y ‘ad hominem’? Por ese lado sigue presentando los mismos problemas de siempre, solo que no son asunto del TJUE. El Gobierno celebró ayer el fallo y volvió a confiar en la Justicia durante unas horas, hasta que la Audiencia de Madrid anunció su aval al juicio con jurado contra Begoña Gómez por tráfico de influencias y malversación, pero no por corrupción en los negocios. Si no lo estoy entendiendo mal, que la confianza gubernamental fluctúe así, a conveniencia, se explica en este caso porque los jueces europeos son mejores que los nuestros, como de importación, entre otras cosas porque ellos, los europeos, no deben de provenir de familias ricas y universidades elitistas.

Lo mejor fue en cualquier caso ver salir al ministro Bolaños para dar otro de esos discursos en los que se refiere a la ley de amnistía como un hito histórico en términos de entendimiento colectivo. Lleva ya cinco o seis y alcanza en ellos una emoción como de hermanamiento fordiano tras la Guerra de Secesión. «Un logro colectivo que ha contribuido a recuperar la convivencia y la reconciliación», dijo ayer Bolaños mientras en Junts, coautores y beneficiarios de la amnistía, celebraban haber «doblegado» a España desde «el exilio». Lo hacía Míriam Nogueras, que analizó la situación un poco como si fuese Pedro Porro llegando medio desnudo al vestuario, solo que hablando en catalán: «La madre que me parió, lo que estamos haciendo juntos es histórico, y lo hemos hecho con todo el mundo disparándonos». Sin abandonar el registro futbolístico, pero más sereno y quién sabe si un poco harto ya de su propia saga/fuga, lo que dijo Puigdemont fue que el partido se había ganado en Europa pero se juega ahora «en el Bernabéu con el árbitro en contra». Y sin Negreira a favor, podría haber añadido para subrayar que el fallo no altera su desconfianza hacia Pedro Sánchez. Cuando se aprobó la ley de amnistía en el Congreso, el expresident huido anunció su regreso a Barcelona. Ahora no habla del tema y eso no facilita que la mayoría de investidura deje de ser una minoría problemática, que es a lo que el Gobierno llama, en el fondo, reconciliación.

Mundial

Fotos con Messi

El domingo España juega la final del Mundial contra Argentina y un número asombroso de jugadores de la selección tiene fotos con Messi. «No es tan extraño, al tratarse de astros futbolísticos», pensará usted si no sigue al detalle la actualidad deportiva. Échenle un vistazo a las fotos. Eso es: los jugadores españoles tienen fotos con Messi siendo ellos adolescentes, niños e incluso bebés. La estrella de España, Lamine Yamal, tiene una foto con Messi en la que el genio argentino ni siquiera le abraza: le está bañando amorosamente. Todo se explica porque Messi estuvo veinte años en el Barça, buena parte de ellos en condición de ídolo, lo que facilita que los niños se acerquen pidiéndote fotos. O que lo hagan los padres pidiéndote que cojas al bebé, por la foto y por si el contacto facilita que el chaval crezca zurdo, callado y regateador: tres bendiciones en una. Parece que las imágenes menos circunstanciales tienen que ver con sorteos benéficos en los que los aficionados podían fotografiarse con los jugadores. Como la transformación del fútbol en un relato emocional es una especialidad tan argentina como el dulce de leche, estas fotos van a reforzar la interpretación generacional de la final de Nueva Jersey: los jóvenes hambrientos intentando arruinar la despedida del mejor futbolista de la historia. De la Fuente podría aprovechar para proyectar las fotos en el vestuario y explicarles a sus jugadores cómo funciona lo de matar al padre. El problema es que a los argentinos es más fácil ganarles jugando al fútbol que jugando al psicoanálisis.