MANUEL MONTERO-El Correo

Tras décadas de sobresaltos, nos pasamos al lado opuesto: ahora todo transcurre como la seda, inmune a catástrofes sanitarias o derrumbes de vertederos

Asegura Urkullu que las elecciones del domingo son trascendentales. La afirmación no es novedad -para un político siempre es trascendente la siguiente votación-, pero esta vez tiene razón, nunca hemos pasado por una situación como la del coronavirus y la crisis que nos trae. Por eso resulta llamativa la escasa tensión que ha transmitido la campaña, como de trámite.

Ciertamente, una democracia madura tiende al aburrimiento, que no haya sobresaltos. Tras décadas de tenerlos en Euskadi, nos pasamos al lado opuesto: ahora todo transcurre como la seda, inmune a catástrofes sanitarias o derrumbamientos de vertederos.

Descontadas la victoria del PNV y la supervivencia del Gobierno de coalición, la única incógnita real es si Podemos y/o el PP se dan el estacazo y cómo se repartirán sus despojos.

Quizás explica el tono bajo de la campaña otra circunstancia: casi todos los partidos vascos (salvo el PP y Vox) apoyan directa o indirectamente al Gobierno. Estar en el mismo barco reduce las posibilidades de enzarzarse. Y el confinamiento nos ha dejado sin ganas de tensiones, por lo que influirá el temor de que la bronca espante al elector.

Esta vez lo tienen más difícil de lo habitual. Por lo común, nos ofrecen futuros venturosos, una nueva era. Es difícil ahora cuajar un discurso, cuando la ilusión colectiva sería volver a comienzos de año. No grandes proyectos, sino que nos devuelvan el paraíso, pues ahora sentimos que allí vivíamos cuando en marzo llegó la orden de encerrarnos. Desde entonces todo tiene un aire de irrealidad que se incrementa en la campaña electoral, de siempre algo oníricas.

Imprimen carácter los carteles electorales con que nos han obsequiado. Destaca el del PNV, en el que avanza Urkullu garboso sobre una ikurriña lineal, seguido de unos jóvenes que parecen ir a lo suyo. Es el único fallo, esa desconexión entre el dirigente y sus seguidores: él con entusiasmo, ellos parsimoniosos. Para apreciar en toda su intensidad los carteles del PNV conviene acercarse a Sabin Etxea, donde se ofrecen a escala sobrenatural -¿el tamaño apropiado en el imaginario jelkide?-. Impresiona, parece que un Urkullu jacarandoso se te echa encima.

El PSE ha optado también por la imagen de líder delante y feligreses detrás, pero no es lo mismo. Los seguidores salen en alineación rara y con rictus de estupefacción, como quien ve la llegada de extratrerrestres a Gaztelugatxe. Mientras, Mendia muestra la pose de una persona quieta que hace como que anda. Movimiento pasivo.

Tiene la ventaja el PNV de que sus carteles no necesitan traducciones literales -nadie le reprocharía nada en esto-, por lo que puede colocar a la vez ‘Zutik’ y ‘¡¡Saldremos!!’. En cambio, el PSE ha de repetirse. ‘Soluciones/Erantzunak’, cuyo aire técnico lo completa una flechita informática. Nada que ver con el llamamiento del PNV a la fe.

Cada uno, su electorado: a Bildu le basta el euskera para presentarse en sociedad, todo el mundo sobreentiende. La candidata aparece en primer plano, pero por delante de rostros difuminados: destacada, pero una más, viene a ser el mensaje. La nombran sólo como Maddalen, lo que sugiere familiaridad. ¿Se arriesgan a que le voten sólo los suyos? Les parecerá suficiente. Viene acentuado por ‘Zure lehendakari’, que invita a que la sientas como presidenta propia, no lehendakari a secas, ni oficio colectivo. Sin traducción: ‘Egiteko prest’, están listos para hacerlo, lo que sea.

Los otros dos partidos en liza han optado por carteles con fotos de los candidatos aislados y ambos se arrepentirán. Un primer plano a palo seco da imagen de dureza. Miren Gorrotxategi pierde mucho en el cartel con respecto al natural, sobre todo con ese aire de quedar sola ante el peligro, sobre fondo negro: ‘Gobernatzeko prest/Podemos gobernar’, otro ‘prest’. No está claro si es oferta o amenaza, pues no explican para qué quieren gobernar.

El PP va en coalición, pero opta por un primer plano de Iturgaitz en solitario y con sonrisa grave, que se hace algo triste: no levantará pasiones. ¿Han subcontratado a publicitarios en prácticas? ‘Un plan para el futuro’ es el antilema: todos los planes son para el futuro. También dicen ‘Euskadi nos une’, sin sugerencia de qué significa.

El retorno de Iturgaitz no augura grandes recuperaciones del PP -sería un milagro llegar de un pasado sobrepasado y traer la piedra filosofal- ni la alianza con Ciudadanos, antes aquí casi inexistente, sugiere remontadas históricas, como mucho el ‘que me quede como estoy’.

Entre el ‘Saldremos Zutik’ del PNV, las ‘Soluciones’ del PSE, el ‘Egiteko prest’ de Bildu, el ‘Gobernatzeko prest’ de Podemos y el ‘Plan para el futuro’ del PP estas elecciones salen tristonas. Da la impresión de que nos estamos jugando algo trascendente, pero no sabemos qué. Seguramente, tampoco los candidatos que nos guían.