Carta abierta de familiares de dos asesinados por ETA

LIBERTAD DIGITAL, 14/3/12

Exigen al PP que los asesinos de tantos inocentes cumplan estrictamente el código penal y la inmediata ilegalización de Bildu y Amaiur.

Mientras la sociedad española asiste al inexorable proceso de rendición ante ETA, cada vez son más las víctimas que, constatando que a día de hoy la banda y los que la apoyan están ganando, no están dispuestas a estar calladas y se rebelan ante una situación injusta, infame e indigna en un Estado de Derecho.

Es el caso de Cristian Matías AlbizuJorge Mota Iglesiasque, con motivo del aniversario del asesinato de su abuelo y hermano, respectivamente, han escrito una carta abierta a modo de reflexión sobre lo que está pasando en relación a la banda asesina y su brazo político, carta de la que hoy se hace eco Libertad Digital.

Cristian Matías es nieto de Manuel Albizu Idiáquez, asesinado por ETA el 13 de marzo de 1976 en Guetaria (Guipúzcoa). Manuel trabajaba como tractorista en unas excavaciones en Rentería y los fines de semana prestaba servicios como taxista en un coche de su propiedad con una licencia alquilada. Precisamente mientras estaba en el taxi, un terrorista se subió al mismo y obligó a Manuel, a punta de pistola, a que se desviara de la carretera general de Bilbao a San Sebastián. Ahí le disparó a bocajarro dos tiros en la cabeza, emprendiendo la huida mientras la víctima agonizaba dentro del taxi. Además de la terrible pérdida de un familiar, la familia de Manuel Albizu tuvo que sufrir, como otras víctimas de ETA, el asesinato civil, la calumnia y la hostilidad del entorno social. Manuel Albizu fue acusado por la banda y su entorno, como forma de justificar el crimen, de ser confidente de la Policía. Algo, por otra parte, que no tendría que ser un motivo de vergüenza en una sociedad sana, pero que ETA y los que la apoyan utilizaron con profusión para estigmatizar a sus víctimas.

Catorce años después, el 13 de marzo de 1990, el funcionario de prisiones Ángel Jesús Mota Iglesiasrecibió un tiro en la cabeza delante de su mujer y de su hijo, un bebé de cinco meses al que Ángel llevaba en brazos. El niño fue recogido del suelo por una mujer que presenció el cobarde asesinato y que vio cómo el pistolero de la banda emprendía la huida en una moto conducida por otro terrorista. Ángel quedó en coma profundo y falleció al día siguiente, 14 de marzo. El asesino que no dudó en meterle un tiro a Ángel mientras tenía a su bebé de cinco meses en brazos, fue detenido en 1992. Se trataba de Francisco Javier Balerdi Ibarguren que, en ese momento, trabajaba como empleado contratado en el seno del grupo municipal de Herri Batasuna en el Ayuntamiento de San Sebastián. El hermano de Ángel, Jorge Mota Iglesias, es el segundo firmante de la carta.

En recuerdo y memoria de Manuel Albizu y Ángel Jesús Mota

Hace 36 y 22 años que nos vimos obligados a despedir para siempre a Manuel Albizu Idiáquez y Ángel Jesús Mota Iglesias, ambos cobardemente asesinados por la banda terrorista ETA tal día como hoy.

Pasado todo este tiempo, y después de muchísimos años de asesinatos, persecución, amenaza, chantaje y miedo llegamos a la conclusión de que esa banda terrorista que el lehendakari Patxi López ha dado como derrotada, esa ETA que el Consejero de Interior, Rodolfo Ares, dice no mantener ningún tipo de infraestructura, y esos comandos que aún no han entregado las armas, parecen haber ganado la batalla a todos los demócratas y los luchadores por la libertad.

Llegamos a esa conclusión porque sabemos que quienes hoy gobiernan en muchos municipios vascos y en la Diputación de Guipúzcoa bajo las siglas de Bildu, no han sido capaces aún de condenar ni uno sólo de los atentados cometidos por ETA, porque hemos visto a terroristas y asesinos de niños como Josu Ternera, De Juana Chaos y Troitiño, salir de la cárcel y hacer una vida totalmente normal como si nada malo hubieran hecho, porque los acercamientos, permisos y terceros grados son concedidos con una alegría sorprendente bajo un falso arrepentimiento y un perdón que ni queremos ni necesitamos.

Vivimos en una ofensiva encaminada a dar una lectura adulterada de la historia más reciente de este país, con una directora de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco dirigiendo sus esfuerzos en la reinserción de los asesinos y empeñada en evitar que los culpables de los asesinatos de nuestros familiares comparezcan como los derrotados ante el tribunal de la historia, pero que nada hace por esclarecer los más de 300 asesinatos de los cuales todavía muchos familiares desconocemos la situación judicial y penal de los autores. Sufrimos al escuchar como la consejera de Justicia del Gobierno Vasco, impulsa decretos para indemnizar a etarras por falsas torturas denunciadas sistemáticamente y lamentamos la falta de voluntad de todos los partidos del arco parlamentario, salvo UPyD, en instar la ilegalización de Amaiur.

En este tiempo de impunidad, los que jamás abrieron la boca para protestar cuando en nuestras calles se asesinaba a granel, se convierten hoy en los portavoces de la reconciliación y el perdón y expertos internacionales han venido de distintos puntos del planeta bajo talonario a vendernos una historia de «confrontación armada».

Alcanzado este punto, ¿qué nos queda? Evidentemente no hay justicia y la dignidad de las víctimas se pisotea diariamente, el derecho a tener una memoria justa parece estar cada vez más lejos y las provocaciones llegan cuando el lehendakari Patxi López reconoce a Arnaldo Otegui como preso político o se realizan manifestaciones en apoyo a los presos encarcelados cuando muy pocos parecen recordar que hemos estado sufriendo la actuación de la banda terrorista más longeva de Europa.

La sociedad española en general, y los familiares de las víctimas en particular, merecemos la victoria, no hemos soportado con dignidad y sin reacciones criminales semejante barbarie para que ahora un nuevo diálogo o el apaciguamiento se cuelen de una forma dolorosa por la vía del atajo, tratando de hacernos más débiles y ofreciendo legitimaciones inexistentes a toda esta sin razón.

Finalmente, los abajo firmantes exigimos al gobierno del PP que los asesinos de tantas personas inocentes cumplan estrictamente el código penal, la inmediata ilegalización de Bildu y Amaiur que se niegan a condenar los atentados de ETA y ni un solo acercamiento más de etarras al País Vasco. Deben saber que el final del terrorismo sólo se producirá mediante la victoria y el triunfo real de la democracia. No tenemos absolutamente nada que agradecer a quienes tanto sufrimiento y dolor han generado.

Cristian Matías Albizu, nieto de Manuel Albizu Idiáquez

Jorge Mota Iglesias, hermano de Ángel Jesús Mota Iglesias

LIBERTAD DIGITAL, 14/3/12