Tonia Etxarri-El Correo
Por los pelos. Horas antes de que la Diputación Permanente del Congreso debatiera la propuesta del PP para que el presidente del Gobierno comparezca urgentemente en sesión plenaria, llegó la petición de Pedro Sánchez. Rendirá cuentas ante el hemiciclo sobre la crisis de Ceuta porque él quiere y porque él lo vale. No porque la oposición le obligue. Faltaría más. Que luego no se diga que va a rastras a cumplir con sus obligaciones. Será el 3 de septiembre aunque, a estas alturas del calendario ceutí, el concepto de urgencia ha quedado ya muy devaluado.
Al cabo de un mes de la ocupación de la ciudad autónoma, se ignora todavía cuántos inmigrantes permanecen de los casi 80.000 que se presentaron a finales del pasado julio porque el Gobierno no está facilitando esos datos. ¡Cualquiera los facilita! La única que se atrevió fue la jefa de prensa del Departamento de Seguridad Nacional y fue cesada fulminantemente por ello. Pero el ejecutivo de Ceuta sí los tiene: 11.300, campando a sus anchas.
Después del caos instalado y el espectáculo de la descoordinación gubernamental, queda la imagen para la historia (ésa que tanto le preocupa a Pedro Sánchez) de un gobernante que ha hecho dejación de sus funciones. Que no actuó después de haber definido la ocupación de Ceuta como «un ataque y violación de la integridad territorial de España» y, dicho esto, se fue por donde vino mientras los ciudadanos tuvieron que escuchar al ministro Marlaska decir que «son cosas que pasan».
Sánchez ha hecho una parada técnica en la Moncloa para intentar pasar a limpio algo de lo que reclamaba el presidente Vivas (el mando único, entre otras cosas). Parece un cuento de mal gusto. Pero esto es lo que tenemos. A un presidente que se quitó de en medio cuando una ciudad española necesitaba más que nunca la presencia del Estado.
En ausencia del presidente fijo discontinuo, algunos ministros se lucieron demostrando que ni siquiera saben quién controla la agenda del Rey. Pero el choque entre Margarita Robles y Grande Marlaska ha dejado en evidencia que al CNI solo lo defiende la titular de Defensa y que esta brecha, que ha dejado sola a la ministra porque la Moncloa se ha alineado con el ministro de Interior, impide despejar las dudas sobre el origen de la crisis de Ceuta.
El presidente Vivas sigue en guardia. No vaya a ser que le conviertan la ciudad en un macro centro de acogida, en cuanto se despiste. Que Marruecos va a por Ceuta y Melilla no es la predicción de un agorero. Es el plan del país vecino. Los ministros de Mohamed VI no cesan con sus ataques verbales en plena emergencia nacional. El inquietante y provocador llamamiento del titular de Asuntos Islámicos a la «lucha» por los territorios españoles no es fruto de un calentón. Después de la avalancha de Ceuta, se sienten fuertes.
¿Qué va a hacer Pedro Sánchez? ¿Dar las gracias por sus palabras? La anormalidad se está dejando pudrir. La nada, como estrategia, no ha funcionado este mes. La obediencia servil a Marruecos que está mostrando desde el espionaje de su móvil en 2021, tampoco. Ceuta no se merece este abandono institucional.