Jon Juaristi-ABC

  • O de cómo Sánchez se trajo de China el aprobado para montar el foro comunista de Barcelona

Invocar la Historia, sus supuestos sentidos y sus no menos improbables lados, a estas alturas (¿de qué?), supone, como mínimo, una sandez, e implica, en el peor de los casos, un proyecto de exterminio del enemigo de clase, raza o religión. Todo el que cree estar en el lado correcto de la Historia es un criminal en potencia, si no lo ha sido en acto.

Vayamos por partes: la Historia es un género narrativo, ni más ni menos verdadero que la épica y la novela. Como mucho, sirve para tranquilizar al personal ante el incoercible caos de la existencia, mediante la estúpida ilusión de que todo lo que pasa tiene un sentido, una dirección que lleva de un origen a un final, y que, además, los que conocen ese sentido pueden colocarse en el lado correcto de la Historia, el de los que acabarán siendo los ganadores del premio, botellita y coco cuando al final se desvele el sentido de aquella.

Por supuesto, los que más han creído y siguen creyendo en este tipo de mandangas están, o dicen estar, en la izquierda, que, como todo el mundo sabe, es el lado correcto de la Historia. El Saunas no para de repetirlo como un mantra tibetano, y todos los loritos y cotorritas del gobierno prolongan esta murga del puto amo hasta el infinito. Pero he aquí que el otro día, en Pekin, el anfitrión de la parejita más enamorada de España no tuvo inconveniente en darle la razón. Nada menos que Xi Jinping declaró en público, a todo el planeta, que Sánchez está en el lado correcto de la Historia.

Ahora bien, es archisabido que los chinos, comunistas o no, nunca han creído en la Historia. Lo existente, para ellos, no tiene origen y, por tanto, tampoco final ni sentido. Lo deseable es que, en cada momento, un orden benigno, tipo Feng Shui, se extienda en oleadas desde el centro imperial a los extremos del mundo. El concepto de Historia no les dice gran cosa, pero lo del «lado correcto» les parece, y con razón, un cuento chino como el que exportó Mao a los franceses en forma de ensayo filosófico titulado ‘De dónde vienen las ideas correctas’. Cuentan que el Gran Timonel se meaba de risa mientras lo escribía pensando en Sartre.

Xi Jinping ha repetido el mantra sanchista porque, como reza el proverbio chino, «al idiota dile a todo que sí, y le llevarás por donde se te antoje». Eso, en geopolítica, se llama ‘soft power’. Si Sánchez se pirra por pasarse al bloque chino-ruso-iraní, para qué vas a ponerte filosófico y a explicarle en qué consiste la ‘tianxia’. Lo importante es minar bien minadas las defensas de Occidente. Ahora bien, ¿quién ha soltado esta semana lo de «la Historia pondrá a cada uno en su lugar»? Pues el ínclito Miguel Tellado, ni más ni menos. Y es que no se nace impunemente en la tierra donde se inventó el Flan Chino El Mandarín. Pero la Historia no hace ese tipo de tareas, majete. Ni de coña.