Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • La UCO registra las sedes de Tubos Reunidos en Bilbao y Amurrio

Quizá lo que le faltaba al futuro de Tubos Reunidos era un registro de la UCO. O un requerimiento de información, que es como se llama ahora a lo que sucede cuando la Administración no se dirige a ti con un correo electrónico o una carta certificada, sino con la Guardia Civil tocando la puerta muy fuerte y con una orden judicial. Mientras unifica causas sobre las maniobras de Leire Díez, que entre otras cosas parecen conectar de un modo inquietante las inversiones públicas de la Sepi con las cloacas privadas del PSOE, el juez Pedraz busca información sobre el rescate de la empresa vasca. Concretamente, sobre la presunta intermediación de los miembros de ese grupo de WhatsApp llamado ‘Hirurok’, o sea, los tres, pero con el hablante incluido, nosotros tres, a saber: Leire Díez, el expresidente de la Sepi Vicente Fernández y Antxon Alonso, dueño de Servinabar, la empresa de la que Santos Cerdán, secretario de organización socialista, era, según nos ha explicado él mismo, copropietario amnésico. Hay diez millones por ahí que pueden haberse desviado. Sucedió, más presuntamente, después de una operación gubernamental que movilizó 113 millones de dinero público, que es como se sabe el dinero que la ley natural destina a sanidad, educación y tertulias televisivas psicopáticas.

La naturaleza cíclica de las cosas explica que la llegada de la Guardia Civil a la sede de Tubos Reunidos haga pensar en el momento inicial en que Santos Cerdán cayó en desgracia y se apuntó a sus aun más presuntos contactos con alguien del PNV para desatascar las cosas. Parece que la UCO apunta a esa intermediación, aunque sin aportar nombres, lo que dibuja una posibilidad novedosa: que Leire Díez mantuviese por error la boca cerrada en algún momento de su actividad secreta. Que la naturaleza de las cosas sea también proclive al simbolismo explica que fuese precisamente ayer cuando Aitor Esteban salió con Eneko Andueza para exhibir lo bien que va todo entre ellos y lo perdonado que está ya el ‘meme’ aquel de la piscina. Mientras no dejan de aflorar los chanchullos se afianza la hipótesis de que Leire Díez sea una especie de espía de última generación, capaz no solo de encubrirse bajo una identidad ridícula sino de crear a su alrededor una confusión mucho mayor de la que se conseguía hasta ahora con gases tóxicos. La UCO cree que la fontanera y sus socios cobraron por lo de Tubos Reunidos a través de una mercantil llamada ‘Mediaciones Martínez’, de pronto el apodo con el que a mí me hubiese gustado debutar en el peso medio.

PAU

Quejas matemáticas

Terminan los exámenes de Selectividad y tampoco parece que los adelantos tecnológicos que tanto se temían este año por el lado de la trampa hayan puesto en jaque al sistema educativo. La otra opción es que el sistema ni haya podido detectar que los alumnos se examinaban estos días con el cerebro conectado de un modo imperceptible a alguna clase de IA en modo omnisciente. De haber sucedido, el lado bueno sería que los chavales llegan a la universidad flojos de ética pero imparables en innovación y desarrollo. Por otra parte, tampoco sé si una IA normalita sería capaz de pasar desapercibida en un comentario de texto corregido por un profesor lo suficientemente maleado y al tanto de la cada vez más inconfundible sintaxis de los modelos conversacionales. Una prueba de que las cosas han funcionado más o menos como siempre es que el examen de Matemáticas II ha generado descontento por su dificultad entre los alumnos del País Vasco. Sucede cada año. Y la tradición suele desembocar en ‘Change.org’ a través de manifiestos que, en términos de injusticia, equiparan un examen preuniversitario con cualquier matanza realizada por un régimen tiránico de por ahí. Con frecuencia, las quejas no tienen que ver tanto con el contenido del examen de Matemáticas II como con la extensión y complejidad de sus enunciados. No son las cifras, por tanto, sino las letras. Un claro abuso del sistema. Como si tuviese algún sentido pedagógico que, a las puertas de la universidad, los jóvenes mejor preparados de la historia fuesen capaces de leer algo y entenderlo.