Comenzó la cuenta atrás

Bieito Rubido-El Debate
  • Aquí estamos los españoles, torturados emocionalmente por un tipo que se ha aprovechado de las imperfecciones de la democracia para asentarse más de ocho años en el poder y ejercerlo con un sectarismo hasta ahora desconocido. Urgen reformas que garanticen que nunca más habrá un Sánchez en la vida política de España

Los españoles vivimos en la impaciencia que se deriva de un tiempo político tumultuoso que es el que nos ha traído Sánchez y su extraña manera de gobernar. ¡Qué envidia nos da el Reino Unido! La cultura política de los británicos es muy superior a la nuestra y de manera muy especial la de sus representantes públicos. Aquí, sin embargo, contamos los días, las semanas y los meses para tratar de consolarnos con la esperanza de que haya elecciones lo antes posible y se pueda desalojar de la Moncloa a uno de los mayores impostores de la democracia moderna. Recuerden que no ganó las elecciones y vive gracias al oxígeno que le ofrecen herederos del terrorismo y los golpistas condenados, aunque indultados por él para pagar ese espurio apoyo.

Si nos atenemos al calendario oficial y teniendo en cuenta la audacia contumaz de Sánchez, ya solo quedan menos de once meses para que convoque elecciones. Sus alcaldes quieren que se celebren antes de mayo del próximo año. Pero ya sabemos que Sánchez tiene cero empatía con el prójimo en general y con sus correligionarios en particular. El egocentrismo viene acompañado de carencia de amor a los demás. De hecho, aquí estamos los españoles, torturados emocionalmente por un tipo que se ha aprovechado de las imperfecciones de la democracia para asentarse más de ocho años en el poder y ejercerlo con un sectarismo hasta ahora desconocido. Urgen reformas que garanticen que nunca más habrá un Sánchez en la vida política de España.

Ya queda menos, ciertamente. La mayoría de los ciudadanos padece esa pérdida de la paciencia, que tan acertadamente describía ayer Mariano Rajoy en su análisis de la selección pero que es aplicable a variados órdenes de la vida y muy especialmente a la política. Tal vez la era digital contribuya a ello. Somos muy impacientes. Yo también me confieso, pero se impone esperar. A partir de ahora, con todo lo que está sobre la mesa, el único que de verdad se tiene que preocupar por la deriva moral de la política española es Sánchez. Cada mes que pase de aquí a julio del año próximo, bajará dos escaños. Ahora las encuestas auguran algo más de 200 diputados a la suma de PP y Vox. Si Sánchez se empeña en continuar –y lo hará, pues maquina trampas con el voto exterior–, la suma de los partidos de Feijóo y Abascal puede alcanzar una cifra nunca vista en la Carrera de San Jerónimo. Ahora sí ha comenzado la cuenta atrás.

Para entender el tiempo de confusión que vivimos y que tanto deseamos ver terminado, aprovecho el final de este Astrolabio para seguir mostrando mi sorpresa por la urgencia con la que el Consejo General del Poder Judicial se ha reunido para atender una queja contra el texto de la resolución del juez Peinado sobre la retirada del pasaporte de Begoña Gómez, en el que mostraba sus dudas acerca del comportamiento de los escoltas de la mujer del presidente del Gobierno. Parece que la señora Perelló encuentra tiempo para eso, pero lleva un año sin tomar decisión alguna sobre los audios que demuestran que el marido de la jueza de Catarroja ha podido estar interviniendo presuntamente en la instrucción de la dana de Valencia. Hay urgencia y tiempo para proteger a la esposa de Sánchez. Pero para la mayor catástrofe natural que se ha registrado en los últimos cincuenta años, el CGPJ apenas ha encontrado un hueco en su atareado dietario.