Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Menos mal que vivimos en un tiempo en que a nadie se le pasa por la cabeza dar un golpe de Estado. Porque, por mucho menos que la degradación política que estamos viendo se han dado en el pasado muchos golpes

Sí, ya sé que se ha hablado mucho del desprecio de Pedro Sánchez a las formas de la democracia. Pero nunca es suficiente cuando el sistema constitucional se ve bajo asedio. Se quieren llevar por delante lo poco que queda.

El pasado jueves por la tarde me llamó un expresidente hispanoamericano a preguntarme cuándo serían las elecciones generales en España. Cuando le respondí que en 2027, él no daba crédito. No podía entender que, aunque la votación de aquel día en el Congreso no fuera legalmente vinculante, un presidente que se dice demócrata no hubiera dimitido de inmediato y convocado elecciones. Pero en esas estamos. Las votaciones no vinculantes se hicieron para un Congreso con gente honorable y de bien. Y eso es lo que Sánchez ha probado con creces que no es.

Yo me pregunto si Sánchez está un poco zumbado. El pasado miércoles dijo desde la tribuna del Congreso de los Diputados que él es el presidente del PSOE. ¿De verdad no sabe que él es el secretario general y que la presidenta, Cristina Narbona, estaba sentada en su escaño frente a él? El jueves, cuando la iniciativa del PP salió adelante con los votos de Vox y de Junts Sánchez tuvo el descaro de levantarse y aplaudir. No sé si lo que quería era decirnos por dónde se pasa la voluntad manifestada por los representantes de la soberanía nacional o que no se enteraba de lo que se había votado. Evidentemente todo apunta a la primera opción porque ya nos anunció en su día que pensaba gobernar al margen del Congreso de los Diputados.

La degradación política que estamos viviendo es de una extremada gravedad. Menos mal que vivimos en un tiempo en que a nadie se le pasa por la cabeza dar un golpe de Estado. Porque, por mucho menos que la degradación política que estamos viendo se han dado en el pasado muchos golpes.

El que fue mano derecha de Pedro Sánchez ha sido condenado a 24 años de cárcel en una sentencia del Tribunal Supremo alcanzada por unanimidad. Pero él no tiene ninguna responsabilidad. Jamás nos ha explicado por qué lo destituyó y por qué lo volvió a colocar en la candidatura socialista por Valencia. Pero asegura que no tiene ninguna responsabilidad. Ni siquiera in vigilando. Podría haber dicho que lo destituyó porque descubrió los tejemanejes de Ábalos en el ministerio, las mascarillas, las prostitutas… pero su argumentario colapsó tan pronto como lo volvió a colocar en la candidatura electoral. Porque ya nadie puede dudar que Sánchez lo sabía todo. Y, si no lo sabía, también tendría que dimitir por no haberse enterado. Pero a los suyos les da igual porque lo único que les importa es su bolsillo.

Y, por si acaso tuviera pocos problemas, el miércoles, en las Cortes, tuvo el valor de ratificar su confianza en José Luis Rodríguez Zapatero. Un hombre que salió de la Audiencia Nacional emitiendo un comunicado en que decía que se iba a aclarar todo. Y de ahí hemos pasado a pedir la nulidad de todo el proceso. Que es el típico argumento que emplean los mafiosos y los narcotraficantes cuando ven que su futuro procesal es color hormiga.