Miquel Escudero-El Correo
La vida política de nuestro país está fatalmente embarrancada por el vicio de dividir España en dos partes irreconciliables; el entusiasmo delirante por enquistarse en bloques antagónicos. Este afán es irresponsable y merece un enérgico rechazo. No tiene perdón porque atenta contra la convivencia y el entendimiento. Hay una absoluta falta de voluntad de servir a la ciudadanía, a la que se envuelve en demagogia.
Un partido que perdió las elecciones y que, desde hace años, se mantiene en el poder haciendo inimaginables concesiones, postuló levantar «un muro de democracia, de convivencia y de tolerancia» entre españoles buenos y malos, ‘progresistas’ y ‘reaccionarios’. Un ‘No pasarán’ con la grave anomalía añadida de agotar la presente legislatura sin renovar los Presupuestos Generales del Estado. A todo se le quita importancia y queda distorsionado.
Por si fuera poco, quienes dan lecciones de todo (increíblemente ufanos y vanidosos) están acuciados por múltiples y graves causas judiciales. Lejos de hacerse responsables de lo que corresponda, la respuesta populista es atribuir estas causas a una conspiración de la ‘otra España’. Asimismo, hay portavoces que se escandalizan de que Estados Unidos haya aportado datos sobre la trama venezolana de Zapatero. No dudo de que cada cual juega sus cartas cuando le parece, según sus intereses. Pero lo capital es aclarar si ha habido delitos o no. Y esto lo disimulan burdamente esos dirigentes.
¿Es posible reconocer los abusos cometidos y expresar vergüenza? Hace falta valor y una pizca de decencia. Sé que no es fácil saltar un muro de intereses, pero no queda otra para salir mínimamente airosos.