Teodoro León Gross-ABC
- La regeneración, si llega, va a tener que esperar a otro Gobierno. El sanchismo no va a asumir su responsabilidad política
Cada comparación entre el caso Kitchen y el caso Ábalos, más que odiosa, tiende a resultar ridícula. Nunca falta ese espectáculo chusco de los sexadores de escándalos, capaces de dar con ciertos rasgos que les proporcione alguna coartada moral para sentirse mejores. De hecho, sólo hay una diferencia notoria: el caso Kitchen está amortizado políticamente, con la moción de censura de 2018 contra Rajoy en nombre de la regeneración, y el caso Ábalos no, porque Pedro Sánchez se lo pasó por el arco del triunfo… electoral en 2023. A Rajoy lo pasaron por la quilla, y a Sánchez no. Roma sí paga a traidores y un puñado de socios lo han mantenido en el machito. Por demás, Kitchen fue un escándalo mayúsculo, con la utilización del aparato policial del Estado para ocultar la corrupción de partido, y otro tanto el caso Ábalos, con múltiples tramas, con la utilización de las estructuras de poder y los presupuestos públicos para enriquecerse y montarse una vida golfa. Ni siquiera habrá sorprendido la destrucción de pruebas en lo de Bárcenas a quienes han aplaudido la destrucción de pruebas por parte del fiscal general García Ortiz, o viceversa. Es lo que suele suceder en entornos delictivos, y tanto más en el poder con los recursos del Estado.
La regeneración, si llega, va a tener que esperar a otro Gobierno. El sanchismo no va a asumir su responsabilidad política –Sánchez ha incorporado la teoría delirante de que basta con decir «asumo mi responsabilidad política» para saldar la deuda– y prolongará la agonía, sin Presupuestos, hasta el último minuto. Sorteará al Congreso como ha hecho con la regularización de inmigrantes y el plan de vivienda, o enterrando el debate sobre el estado de la nación, y se refugiará en los vídeos de TikTok. Construir un buen relato es la obsesión. Y ahí está el CIS para servir a la causa. Después de que el PP anunciase que se querellará contra Tezanos por la manipulación sistemática de los sondeos malversando fondos públicos, éste se ha sacado la chorra y se ha meado –ya me disculparán, pero es lo que hay– con efecto aspersor sobre el país. Qué tipo. ¡Doce puntos de ventaja al PSOE… y dos huevos duros! Como cada barómetro pero ya en modo ‘sujétame el cubata’. Más allá de RTVE, colonizada al asalto mientras los cadáveres aún flotaban en el lodo valenciano de la dana, no hay caso igual. Pero ahora creen que el pacto del PP con Vox, con la disparatada prioridad nacional, les devuelve la ventaja moral. No deja de ser paradójico en quienes han pactado con los albaceas de ETA, liberando a terroristas sanguinarios a cambio, o con los golpistas catalanes a un precio muy alto. En el PP se defienden con que los fetiches retóricos de Vox no se aplicarán, como decía el PSOE del ‘lawfare’ o el cupo. Sólo les importa la competición, para nada la regeneración.