Ignacio Camacho-ABC

  • La ‘prioridad nacional’ no es una concesión narrativa. Es una claudicación impropia de un centro-derecha liberal y humanista

No parece casualidad que Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno hayan sido los dos dirigentes del PP que han discrepado del concepto de ‘prioridad nacional’ introducido por Vox –y permitido por Feijóo –en el acuerdo extremeño. Se trata, junto al gallego Rueda, de los líderes populares con mayor ‘arraigo’, por decirlo en los términos del ya famoso documento, demostrado en las respectivas mayorías absolutas que han conseguido con métodos y estilos distintos, que no opuestos. Las suyas son voces a tener muy en cuenta a la hora de perfilar la alternativa de Gobierno. Primero porque conocen a fondo las claves de sociología electoral que la dirección de su partido no acaba de dominar por completo; luego porque representan la diversidad de un centro derecha que aspira a conquistar un espacio político de amplio espectro; y por último y sobre todo porque han entendido que el problema de la inmigración no se puede abordar atropellando los derechos que la Constitución –artículo 13– reconoce a los extranjeros.

María Guardiola y el equipo de Génova que se ha tragado esa cláusula explican que es sólo una ‘cesión narrativa’ abstracta, una concesión teórica sin relevancia porque, en efecto, las leyes vigentes impiden su concreción en una autonomía sin competencias para implementarla. Pero esa débil excusa interpela al liderazgo nacional, que llegado el caso será el que deba decidir si la incorpora a un eventual pacto para gobernar España. Porque la formación de Abascal no sólo ha dicho que la exigirá, sino que constituye una parte crucial de su programa y por tanto una cuestión innegociable en cualquier alianza. De aquí a las generales, Feijóo deberá explicar a los ciudadanos hasta dónde considera que una fuerza de inspiración liberal y democristiana puede flexibilizar su sensibilidad humanitaria y desafiar el ordenamiento nacional y europeo con medidas discriminatorias importadas del movimiento MAGA. Medidas que por otro lado hasta el tribunal más conservador proclamaría de inmediato inválidas.

Habría que oír a la derecha en las instituciones y en la calle si el separatismo catalán, o su vertiente criptonacionalista del PSC, pusieran por escrito una declaración semejante: prioridad en el acceso a la vivienda y los servicios públicos para los catalanes. Ayuso, que además de ser bastante más liberal de como la pintan sus adversarios conoce el peso económico, laboral y demográfico de los inmigrantes, lleva tiempo peleando contra la idea de un Madrid cerrado, xenófobo, impermeable al cosmopolitismo de las grandes ciudades. Ella y Moreno, a quien Abascal llama Moruno en un alarde de imaginación deslumbrante, son la prueba de que al populismo se le achica mejor el campo con políticas transversales que aceptando sus marcos de debate. Y si al final los números se quedan cortos y hay que pactar, se pacta por respeto a los votantes, pero sin transgredir principios esenciales. Quizás el desalojo de Sánchez dependa de que el único candidato capaz de ganarle no comprenda esto demasiado tarde.