ABC-LUIS VENTOSO

Esas imágenes feministas merecen ser enseñadas en las escuelas

UNA protesta feminista auténticamente conmovedora en el Día Internacional de la Mujer. Un gesto de rebeldía y reivindicación tan simbólico y con tal carga de profundidad que el vídeo que lo recoge merece mostrarse en todas las escuelas del planeta. No me refiero, por supuesto, a las manifestaciones de ayer del 8-M, sino a lo que hizo Barfe Khalaf Farho, una mujer de 26 años, cuyo nombre a nadie le dice nada.

Los yazidíes, de etnia kurda, han arrastrado durante siglos el estigma de pueblo maldito, por las peculiaridades de su religión sincrética, derivada del antiquísimo zoroastrismo. Musulmanes y cristianos los consideran los peores de los herejes y los han perseguido a fuego y sangre. La razón es que los yazidíes veneran a Melek Taus, el Ángel del Pavo Real, que para las religiones monoteístas no es más que el ángel caído. Serían por tanto adoradores del demonio. En la actualidad quedan unos 700.000 yazidíes. Su último refugio eran las montañas de Sinjar, al norte de Irak, no lejos de la frontera con Siria. Pero tras el ascenso de Daesh fueron masacrados allí. Los yihadistas irrumpían en sus pueblos, mataban a hombres y ancianos, convertían a los niños en soldados y las mujeres eran raptadas como esclavas sexuales. Un genocidio. Hubo estampas tremendas, como cuando en 2016 Daesh quemó vivas en Mosúl a 19 jóvenes yazidíes que se negaron a ser pasto de violadores.

Los últimos fanáticos de Daesh resisten en una bolsa en Baghouz, al este de Siria, de donde van saliendo sus víctimas con historias espeluznantes. Una de las personas liberadas por las fuerzas kurdas del SDF es Barfe Khalaf Farho, cautiva cinco años bajo una dieta de golpes y violaciones. Lo primero que hizo fue quitarse el burka que la había enterrado un lustro y quemarlo con combustible entre los aplausos de las soldados kurdas. «Me siento como si hubiese vuelto a nacer. Doy gracias a Dios por mi libertad», acertó a decir con una sonrisa entre ilusionada y dolorida.

Ver esas imágenes recuerda la aterradora situación de la mujer en algunas partes del mundo. El abismo absoluto fue Daesh. Pero cabría denunciar también el rol gregario de la mujer en la mayoría de los países musulmanes, donde para nada se la trata como al hombre. Hay 1.600 millones de musulmanes en el mundo y casi dos en España. Jamás escucharán a nuestras feministas denunciar la situación de la mujer en el mundo islámico. Están ocupadas con Israel y el liberalismo.

Me emocionó el vídeo de la chica yizadí. Pero me quedé frío, a pesar de la media hora que les dedicó el Telediario de TVE, con las grandes manifestaciones del 8-M. Cuesta conectar con lemas como «patriarcado y capital, alianza letal»; «justicia patriarcal franquista», «contra el consumismo y el capitalismo». Abochorna el modo en que unas energúmenas recibieron a Pablo Casado en Alicante: «Casado, yo te hubiera abortado», decía su pancarta. Apoyo enérgicamente la igualdad de la mujer y el hombre, que a estas alturas debería ser tan natural como respirar. Pero lo de ayer fue otra cosa: una tergiversación neomarxista, que manipuló con éxito la causa justa de las mujeres.