Javier Fernández Arriba-El Correo

  • La realidad nos grita a la cara que acontecimientos como el de Ceuta se podía haber evitado

Más vale tarde que nunca, dice nuestro valioso refranero siempre actual por su sabiduría. En tiempos de crisis nos acordamos de lo que se debería haber hecho y no se hizo, pero resulta que la realidad impone que hay consensos imprescindibles en lo que se denominan Políticas de Estado. Parece una obviedad ingenua, pero es todo lo contrario cuando ocurren acontecimientos tan inaceptables como inadmisibles como los sufridos en Ceuta. Se destaca la especulación política de por qué sí y por qué no, en análisis apresurados que ni siquiera se paran a lamentar la pérdida de casi un centenar de vidas.

Cuando la realidad nos grita a la cara que se podía haber evitado, que la Política Exterior y de Inmigración, como la de Seguridad y Defensa, requieren en España consenso entre los dos grandes partidos de gobierno para garantizar los intereses de España, del estado y los españoles, por encima de los personales y partidistas de cada responsable político. Se lograron pactos contra el terrorismo y para las pensiones, entre otros intentos, pero se perdió el de Política Exterior con la guerra de Irak y a partir de ese momento la dinámica entre los dos grandes partidos con capacidad de gobierno, PP y PSOE, ha sido la del insulto y la descalificación.

La inmigración abarca también una dimensión de Unión Europea, como las relaciones con Marruecos, pero para los intereses de España los responsables de los dos partidos tienen la responsabilidad de alcanzar y preservar acuerdos, consensos a medio-largo plazo que garanticen la coherencia, la estabilidad y la seguridad. La relación con Marruecos es estratégica en todos los sentidos como vecino geográfico con el que se comparten objetivos, intereses complementarios y problemas que hay que abordar desde una relación sólida, leal, transparente, de respeto mutuo y reciprocidad.

Hay demasiados desafíos en el horizonte que precisan unidad de acción y entendimiento entre populares y socialistas y sacar a Marruecos de la pugna política nacional compartiendo información entre sus líderes y en el Parlamento. La decisión sobre el Sáhara de apoyo al plan de autonomía bajo soberanía marroquí es correcta y cuenta con el respaldo de más de 120 países en todo el mundo, pero debe ser consensuada y huir del «no es no, y que parte del no, no entiende» para llegar a un grado de entendimiento básico y fundamental en cuanto a las relaciones exteriores y a la inmigración.

Los extremos radicales pretenden intoxicar para sacar réditos electorales. La relación comercial, control de inmigración, lucha antiterrorista y seguridad, energía, logística, turismo y Mundial 2030 son activos evidentes. Añadir la amenaza grave en el Sahel para la estabilidad y seguridad de todos. Consensos imprescindibles.