Contra Aznar en el culo de Rato

ABC 26/04/15
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS

· Se abre paso una nueva y nada sorprendente hipótesis según la cual una parte de la dirigencia actual del Partido Popular y algunos miembros del Gobierno militan fervientemente en el antiaznarismo
 
· “Los partidos políticos no mueren de muerte natural. Se suicidan”. Alexander Pope

Deriva peligrosa en la guerra civil que mantienen los populares: se abre paso una nueva y nada sorprendente hipótesis según la cual una parte de la dirigencia actual del Partido Popular y algunos miembros del Gobierno -entre ellos Cristóbal Montoro y José Manuel García Margallo- militan  fervientemente en el antiaznarismo. Es más: algunos de los estrategas del PP consideran que tanto las palabras como los silencios y actitudes del expresidente han dañado y dañan al partido y al Gobierno y que, por eso, Aznar merecería un escarmiento más contundente del que le propinaron en noviembre de 2013 al ausentarse en bloque del acto de presentación del último volumen de sus memorias. Habría que “acorralarle” para que su retorno sea inviable, sostienen.

Como ahora no parece posible llegar hasta él con un reproche jurídico a sus comportamientos o a sus finanzas, se adora al santo por la peana. Unas peanas que se lo han puesto muy fácil a los antiaznaristas: Miguel Blesa, amigo de Aznar, quintaesencia del despilfarro y la trapacería en las Cajas, y Rodrigo Rato, el referente de su política económica, yace en la arena del desprestigio, lo mismo que Álvarez Cascos quien representaba al “general secretario” de un partido en su día disciplinado y siempre en orden de combate y tres ex tesoreros del PP -dos con Aznar- están imputados en los casos de presunta financiación ilegal del partido. La memoria política del expresidente está dañada aunque él siga al margen del lodazal judicial.

No hay aznaristas en el puente de mando del partido ni en el Gobierno. Gallardón era el verso suelto que resultó el más integrado en el soneto de los populares

No hay aznaristas en el puente de mando del partido ni en el Gobierno. Ruiz-Gallardón era el último mohicano, el verso suelto que resultó, a la postre, el más integrado en el soneto de los populares. Las recriminaciones de Aznar a la política económica del Ejecutivo (Montoro-Guindos), a la debilidad política de su discurso (Rajoy-Soraya) y a la mala gestión de asuntos como el de Bárcenas y Gürtel (De Cospedal-Floriano) urgen a quitarle de en medio, estigmatizándole, si posible fuera, con alguna de las muchas imputaciones de las que abundan en el zoco judicial español. Y, así, cortarle el paso no sea que, tras la catástrofe que se espera, se vuelva a reencarnar en el líder efectivo del PP.

Insisto: avanza la opinión, aderezada con algunos datos, de que Rodrigo Rato sería el trasero más propicio en el que se ha asestado una enorme patada al expresidente del Gobierno. De momento, es una clara víctima colateral porque el exvicepresidente era una referencia del aznarato. En la operación puede que no haya estado Mariano Rajoy, al que este escándalo no le conviene ni por activa ni por pasiva ni por perifrástica. Algunos de los empresarios de Puente Aéreo que almorzaron en La Moncloa con el presidente del Gobierno el pasado martes aseguran que parecía muy convincente lamentando la suerte del exministro de Economía que ha impactado emocionalmente en el empresariado español. Y por supuesto, les pareció también sincero al confesar que desconocía el timing de los acontecimientos del 16 de abril.

Hay quienes han esparcido la especie de que ‘la repera patatera’ del director de la Agencia Tributaria se referiría a la presencia de Aznar entre los investigados

Las hemerotecas, además, echan humo. Se están emitiendo en espacios informativos varios cortes de intervenciones parlamentarias de Aznar cuando en el año 1994 reclamaba el “¡Váyase señor González!” aduciendo, entre otros muchos argumentos, que sus colaboradores (Roldán, Rubio, Barrionuevo, Serra y otros más) estaban enfangados en golferías delictivas, presuntas y probadas, y él debía asumir la responsabilidad política de ello.

No han faltado quienes esparcieron el martes y miércoles pasados la especie de que “la repera patatera” del impresentable director de la Agencia Tributaria -¿cómo es posible ese coloquialismo tan prepotente en el Congreso?- se referiría a la presencia de José María Aznar (él fue quien popularizó la expresión “cero patatero” en un mitin en el año 2000) entre los más 700 investigados por la Agencia Tributaria. Tal hipótesis, barajada en algunos mentideros, creció tanto en determinados circuitos que el propio Montoro hizo el miércoles un corrillo con periodistas para asegurar que el nombre más relevante de los investigados era el de Rodrigo Rato.

A Aznar ya se le ha hecho todo el daño que se le podría hacer desde su partido que dispone de colaboraciones mediáticas para denigrarle de manera sistemática

La cuestión es que a Aznar ya se le ha hecho todo el daño que se le podría hacer desde su propio partido que dispone de algunas colaboraciones mediáticas para denigrarle de manera sistemática. No está en cargo público pero su imagen se ha deteriorado, en buena medida por el hostigamiento de sus propios compañeros.  Él, que es hombre avisado, no parece que haya dejado cabos sueltos ni en sus actividades ni en sus finanzas, más allá del juicio que pueda merecer a estos o a aquellos sus actuales actividades profesionales.

Félix de Azúa ha declarado al diario El País que España está enferma de “autoodio”. Cierto. Pero más que España y su sociedad, el autoodio está instalado en las elites que libran batallas crudelísimas entre sí. Como la que ahora se vive en el Partido Popular y en el Gobierno. Unos con un adanismo ridículo quieren condenar -si es posible con oprobio y judicialmente- la memoria del llamado aznarato para evitar su muy improbable resurrección en caso de debacle electoral. Otros contemplan la operación con cobarde perplejidad, entre ellos el propio Rajoy. No es muy distinto de lo que ocurre en otros partidos, desde luego, pero el empleo de una artillería con fuego graneado para batir la reputación política del expresidente mediante la damnatio memoriae de Rodrigo Rato sugiere que el PP -ante la impotencia de sus dirigentes más sensatos- ha entrado en un acelerado  proceso de descomposición.