Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Víctor de Aldama se arrepintió sobre todo en el programa de Iker Jimé
La finura del país es máxima y la condena de José Luis Ábalos nos lleva al debate terminológico. Víctor de Aldama. ¿Lo llamamos corruptor o lo llamamos arrepentido, mejor aún: ‘pentito’?
Una opción intermedia, y todavía italianizante, sería llamarlo ‘il corruttore’, que suena como a película de Gassman. Sin embargo, la atribución enfática de la responsabilidad corruptora presenta en este caso un problema. Consiste en imaginarse la siguiente escena: Ábalos y Koldo caminan de la mano por el bosque en dirección a una conferencia sobre nuevas masculinidades y economía del bien común cuando se les aparece Aldama, taimado y mefistofélico. «¿Habéis visto alguna vez a una chica bailando pole dance?», les pregunta.
Y así comienza la perdición de dos hombres entrados en años que habían llevado hasta entonces vidas apacibles, ordenadas y algo inocentes: uno sobreviviendo en la política valenciana; el otro viviendo en Navarra y siendo él quien les pegaba palizas a los de la izquierda abertzale.
Del mismo modo, equiparar a Aldama con los ‘pentiti’ de la mafia no parece apropiado. En parte, porque el empresario sigue manteniendo intacta la apariencia de un capo de la familia Genovese. Y en parte porque tampoco sabemos si está arrepentido, aunque una vez se emocionó en la tele y lamentó haber conocido «a esta tropa». Como el momento de contrición tuvo lugar en el programa de Iker Jiménez puede que tuviese que ver con la purificación kármica. Ya que estamos, la hospitalidad transigente con la que a Víctor de Aldama se le ofrecen los platós demuestra cómo el sectarismo conduce a la degradación de múltiples maneras. En España vamos a experimentarlas todas. Por eso el oficialismo, al conocer el lunes la sentencia que condena a Ábalos, no tardó en detectar que Aldama obtenía beneficios destinados a generar un «efecto llamada» en el resto de casos de corrupción que afectan al Gobierno. «Delinque, delata y te libras», sentenció Gabriel Rufián, meridiano de Greenwich del simulacro. Y resolvió la duda terminológica: Aldama es un delator al que la justicia utiliza para acceder a estructuras delictivas opacas. Y también, claro, para lanzar un aviso que es muy extraño no formular al revés: «No delincas porque te van a delatar y no te vas a librar». No es difícil de entender si consideras el bien mayor de proteger a la sociedad de la corrupción política. Otra cosa es fingir escrúpulo moral mientras corres a ayudar a que los políticos de tu bando se protejan a sí mismos de cualquier contacto con la responsabilidad.
Reino Unido: Rey en el Norte
Keir Starmer llegó al Gobierno británico con una mayoría absoluta y con un mínimo carisma. Parecía una combinación ganadora. Los votantes respaldaban enérgicamente al laborismo casi quince años después y el nuevo primer ministro prometía seriedad, reformas y respeto al ciudadano tras «una época de actuaciones ruidosas». Dicho y hecho: Starmer ha durado en el cargo menos de dos años y su dimisión ha llegado entre lágrimas y acusaciones de inacción y falta de liderazgo. La política inglesa tritura primeros ministros, van siete en diez años, y ofrece un espectáculo desolador: la democracia supuestamente más pragmática y antisentimental del planeta no sabe cómo salir de la centrifugadora populista en la que ella misma se metió en 2016 con el referéndum del Brexit.
Una década después, el balance, además de una política impracticable, incluye una pérdida en el PIB del 8%. Eso hace todavía más increíble que la figura que amenaza con romper en las próximas elecciones la secular alternancia entre conservadores y laboristas sea nada menos que Nigel Farage, uno de los histriones que abanderaron el abandono de la Unión Europea. Mientras tanto, el candidato laborista mejor situado para sustituir a Starmer es Andy Burnham. Era hasta hace una semana el alcalde de Mánchester. Lo apodan ‘El rey del Norte’, en alusión a ‘Juego de Tronos’. Yo creo que esta vez va a salir bien. Burnham va a ser un primer ministro duradero. Al fin y al cabo, ¿cuándo hemos visto que en ‘Juego de Tronos’ matasen muy pronto, y por sorpresa, a alguien de la familia Stark?