Juan Carlos Girauta-El Debate
  • No creo que lo ignore quien se sacó unas oposiciones nada fáciles. Se expresó como hincha en una pieza que iba de fútbol. Pocos hinchas, sin embargo, pueden hablar como registradores de la propiedad. Hasta este punto llega mi estado de alteración durante un Mundial: disculpo a Rajoy

Entre las muchas disciplinas que ignoro por completo se encuentra el fútbol. Los deportes en general. Pero el fútbol no solo es el deporte por antonomasia, es mucho más. El total desconocimiento me conduce a un lógico desinterés por la Liga, la Copa, o como se llamen; por los fichajes, las previsiones y los resultados. Hoy he leído que el Barça había ganado la última Liga y me he dicho «qué contentos estarán Fulanito y Menganito». Ni siquiera estoy seguro de dejar escrito lo anterior por si en realidad hubiera ganado otro. Creo que queda clara mi afición al balompié. Y sin embargo…

De manera incomprensible, me embarga la pasión cada cuatro años, en Mundiales. Es una pasión genuina. Maldije a RTVE (esto no es nuevo) por no haber comprado los derechos del partido entre Noruega e Inglaterra. Me había preparado para el visionado con todo lo necesario a mi alrededor, incluyendo una guitarra Gibson. Lo último puede desconcertar al lector, pero le ruego que atienda a esto: ir improvisando arpegios me calma los nervios, por un lado, y me desconecta de los locutores, por otro. No es que tenga nada en contra de estos. He leído críticas, algunas demoledoras, sobre la calidad de sus comentarios. No puedo pronunciarme. No sé qué puedan significar expresiones como «ir al hombre», «achicar espacios» o «jugador determinante». O sea, sí lo sé, pero no sé si cuando lo aplican aciertan o yerran.

¿Cómo es posible que me emocione tanto durante unos días, cada cuatro años, con un juego que el resto del tiempo me aburre sobremanera, o que solo me interesa en su plano sociológico y su uso político? No tengo ni idea, pero es así, y es de verdad. Sé que en el próximo partido de España, a estas alturas del Mundial, voy a estar gritando ante la pantalla de algún local, aún indeterminado, de Bruselas. Actuando como un hincha, es decir, como alguien que nunca ve las faltas de los suyos y siempre ve penalti en el área del contrario. Un ser irracional. Allí no tendré una guitarra a mano, pero sí a algunos compañeros que, sin duda, me explicarán gustosos, alzando la voz, todo aquello que está sucediendo en el campo desde el punto de vista estratégico y que, como comprenderán, estoy incapacitado para advertir. (De otro modo, el fútbol me entretendría todo el tiempo, seguiría la Liga, etc.).

A Rajoy le están zurrando por decir algo que se dice en cualquier lugar donde más de una persona esté viendo un partido. Y si es un solo espectador, lo piensa o musita. La afirmación del Rajoy articulista es falsa desde el punto de vista jurídico. No creo que lo ignore quien se sacó unas oposiciones nada fáciles. Se expresó como hincha en una pieza que iba de fútbol. Pocos hinchas, sin embargo, pueden hablar como registradores de la propiedad. Hasta este punto llega mi estado de alteración durante un Mundial: disculpo a Rajoy.