Iñaki Ezkerra-El Correo

El Premio Nobel de Física estadounidense David J. Gross ha hecho unas declaraciones para National Geographic que yo calificaría de rompedoras: «Lo que vemos de la realidad son solo sombras». Digo que ‘las calificaría’ y no que ‘las califico’ porque esas mismas declaraciones ya las hizo un tal Platón hace veinticinco siglos con la famosa alegoría de la caverna. Parece que para la peña humana las cosas no han mejorado desde entonces y que de las sombras no nos saca nadie. Uno incluso diría que últimamente vamos a peor. Y es que a las penumbras y tinieblas clásicas a las que nos condena nuestra propia especie se añaden hoy las nuevas de la caverna tecnológica. A las siluetas, los espectros, los fuegos fatuos, las sombras platónicas de toda la vida, se suman, en estos raros tiempos, los bulos y los hoaxes, los memes y los fakes, los troles y los haters, las granjas de bots y las de robots, los talleres de clics y los seguidores fantasmas de las redes sociales, los profetas de TikTok y los iluminetas de Facebook, los anónimos de X y las influencers de Instagram, las realidades virtuales y las inteligencias artificiales. En esta época dudamos no ya de los sentidos sino de la razón que los gestionaba.

No sé. Quizá ha habido momentos históricos en los que teníamos más certezas. Pero la verdad es que la duda o la negación directa de la escasa fiabilidad que tiene lo que vemos y oímos es un tema recurrente en la filosofía occidental. Casi podría decirse que la propia historia de ésta es la de esa desconfianza hacia nuestras percepciones sensoriales. Antes que Platón, dudaron de ellas Heráclito y Parménides por razones exactamente opuestas. El primero porque todo está sometido a un perpetuo cambio que no percibimos; el segundo porque nuestros sentidos perciben un mundo cambiante y múltiple que es ilusorio ya que el Ser es único e inmóvil.

David J. Gross ha dicho que «lo que vemos de la realidad son solo sombras». ¡Noticias frescas! Para repetir lo que ya dijeron unos cuantos filósofos griegos (a los citados se suman Pirrón de Elis y Sexto Empírico) o lo que ratificaron el racionalismo de Descartes, el empirismo de Locke y Hume, el idealismo trascendental de Kant y hasta el vitalismo perspectivista de Nietzsche, el profesor David J. Gross ha tenido que recibir la bendición de la Academia Sueca. Ha tenido que descubrir la libertad asintótica, propiedad fundamental de la interacción entre quarks, y formular la teoría de cuerdas. Pero yo las sombras de las que él ha hablado como una primicia las percibo todos los días. Más aún, tengo la sensación de que yo mismo soy una sombra cuando me meto en una web y me sale una orden en la pantalla: «Demuestra que no eres un robot». Ya es lo que me faltaba: un robot pidiéndome credenciales de humano.