Juan Carlos Viloria.El Correo

  • El programa de Iker Jiménez es el fenómeno televisivo en pleno fin de ciclo sanchista

Un programa de Cuatro, ‘Horizonte’, dirigido y presentado por Iker Jiménez y Carmen Porter, que nació como extensión de Cuarto Milenio, enfocado a monográficos especiales y temas de investigación y misterio, se ha convertido en el fenómeno televisivo de la nueva temporada. Los datos de audiencia de septiembre indican que un espacio de tertulia para minorías, no alineado con el poder y con tertulianos de marcado perfil antisanchista, se ha entrometido en el pulso de los grandes (el Hormiguero y la Revuelta) duplicando los datos de programas como ‘El Intermedio’ o ‘First Dates’ de fuerte implantación en la parrilla televisiva española.

Esta irrupción sorpresiva ha desatado una guerra y máxima tensión entre figuras de la tele, cuando no es habitual acusarse entre ellos de mentiras, vídeos pactados, patrañas, con el Gran Wyoming, Iñaki López, Iker Jiménez, rompiendo abiertamente el pacto tácito entre periodistas (ya se sabe, perro no come perro). O Évole (‘No me llames Ternera’) afeando a ‘Horizonte’ entrevistar a un directivo de la empresa propietaria del piso alquilado a Maricarmen. El rifirrafe -cabecera de un legendario programa de Antxon Urrosolo- está asociado a la pugna cada vez más competida en el segmento televisivo del infoentretenimiento y al contexto socio-político del fin de ciclo de la legislatura y del sanchismo.

Situado ya como un espacio de referencia, muy crítico con la gestión del Gobierno progresista, ha logrado audiencias de casi el 14% con 1,6 millones de espectadores, desbancando incluso al intocable ‘Hormiguero’ la noche que entrevistaron a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso. Pero ahora, a la guerra por la audiencia y la publicidad, hay que sumar la política. El infoentretenimiento es un formato barato que da audiencia con poca inversión, pero genera unos efectos colaterales muy significativos agudizando el partidismo y la polarización. Las cadenas privadas son dueñas de sus contenidos y línea editorial porque solo se deben a sus propietarios o accionistas.

El problema viene cuando la televisión pública entra a saco en la batalla ideológico-política multiplicando espacios en los que la información y la opinión se confunden y el sectarismo político marca determinados programas. Esos espacios no influyen directamente en la intencionalidad de voto, aunque sí deciden de qué se habla e interfieren en la agenda política; Interpretan y valoran los hechos informativos e influyen en la imagen de los políticos y los partidos. Refuerzan también las opiniones que ya tiene el espectador y logran amplificar sus contenidos ofreciendo material a las redes sociales. Pero según los sociólogos uno de los papeles más decisivos desde el punto de vista electoral es que puede ser importante para encauzar el voto de los indecisos y movilizar abstencionistas. O sea, ‘Horizonte’ (electoral).