Ignacio Marco-Gardoqui-EL CORREO

Estas elecciones se plantearon en dos planos diferentes. En el interior la cosa iba de un combate cuerpo a cuerpo entre Sánchez y Feijóo y, en ese sentido, ganó el segundo con claridad de puntos y escaños, con una amplia mejora de los obtenidos en las anteriores elecciones, pero sin conseguir abatir al primero que, como es tradición, dirá que ha ganado ‘su’ mayoría social o lo que sea lo que le mantiene en el poder. ¿La amnistía? Pocos se acuerdan de ella. ¿Las trapacerías de Begoña? A pocos les importan. ¿Las mentiras de Sánchez? Simple lodo envuelto en un bulo. Pero lo cierto es que Sánchez habrá incrementado sus dificultades para seguir gobernando, ya que ninguno de sus socios ha mejorado su situación anterior y prácticamente ha arruinado sus expectativas de lograr un gran cargo europeo, pues sus colegas han cosechado unos resultados muy flojos, avasallados por el empuje de la extrema derecha y el fortalecimiento de las derechas en el poder. Una vez más España ‘is different’. Nuestra extrema derecha de Vox dobla escaños, pero no consigue imitar el vuelo de sus colegas franceses, alemanes o austríacos. En Europa no corren buenos tiempos para la izquierda lindante con la ultra izquierda. Las urnas demostraron ayer que hay muchos europeos hartos del buenismo imperante que, ni ordena la inmigración, ni controla el gasto público, ni fomenta la actividad, mientras no es capaz de reducir las desigualdades sociales.

En Europa se ha registrado un avance significativo de las extremas derechas que, si bien no impedirá la repetición de la actual Comisión, condicionará su andadura. La transición verde perderá protagonismo y se tendrán más en cuenta las necesidades de la industria y sus inaplazables problemas de competencia. En este sentido, no sé cómo encajará en la nueva Comisión la señora Ribera que quizás tenga que cambiar su prevista y deseada ubicación al frente del dosier energético. Lo ganará la política de inmigración, camino de unos mayores controles de su fracción ilegal y de un recorte de las condiciones de asilo.

Y, con toda seguridad, se endurecerán los términos de la consolidación fiscal. Vienen tiempos peores para los países que, como el nuestro, se han despreocupado del tamaño del déficit y se muestran insensibles con el volumen de la deuda. Se vigilará más de cerca la correcta utilización de los fondos europeos, lo que no resultará difícil dado el actual relajo sobre su destino y sus efectos en la economía real. Lo cual no es, en absoluto, una mala noticia. La oportunidad es única y no volverá.