TONIA ETXARRI-EL CORREO

  • El PNV sustituye la ‘bota de Madrid’ por la confrontación con EH Bildu en un Aberri Eguna de perfil bajo
En el segundo año de pandemia, envueltos en un clima de cansancio e incertidumbre sanitaria y económica, con una gestión del Gobierno vasco cuestionada al registrar en Euskadi uno de los mayores índices de contagio y uno de los más bajos en vacunación, el PNV y EH Bildu celebraron su particular Aberri Eguna. Con el lehendakari Urkullu ausente del acto jeltzale (estaba apoyando la campaña de vacunación en Durango), sin discurso institucional con el que dirigirse a los ciudadanos en el Día de la Patria vasca, el presidente del PNV dio un giro a sus habituales proclamas de reafirmación nacionalista. Socio preferente del gobierno de La Moncloa, con los Presupuestos aprobados y un grado de soberanía en Euskadi que sigue siendo la envidia del resto de comunidades en particular y de Europa en general, el PNV guardó en el bolsillo los argumentos contra el centralismo para arremeter contra su competidor más cercano: EH Bildu.

El PNV, comparándose con los secesionistas catalanes, ha tenido a gala resaltar su diferencia desde el 2017. Con su apuesta por la vía pactada. Pero en su pugna doméstica con la formación que sigue liderando Arnaldo Otegi necesita destapar el tarro de las esencias identitarias. Aunque sea por un día. Y volver a recordar su apuesta por el derecho a decidir. Como si fuera la panacea del progreso económico y político. Tenemos el suficiente grado de soberanía y ya hemos comprobado que la gestión de la crisis del covid podía haber sido francamente mejorable. Porque el virus no entiende de fronteras sino de calidad en la gestión. Pero ayer el PNV necesitó sacar a pasear el ‘abertzalómetro’ para compararse con EH Bildu, cuya máxima aspiración es desplazar al PNV del poder de Ajuria Enea.

EH Bildu se dedicó a dar el cante. En el sentido literal. Sin mítines. Sin soflamas. En el Día de la Patria, sin nada que decir

PNV y EH Bildu coinciden en parte del proyecto nacionalista. De hecho, firmaron las bases de un acuerdo para redactar el nuevo Estatuto, del que luego se descolgó el PNV, en la ponencia que quedó aparcada por falta de consenso. Pero ahora las dos fuerzas nacionalistas, compitiendo, se neutralizan. ¿Quién influye más en Madrid?

Los dos apoyan al Gobierno de Sánchez, pero los últimos que han llegado al reino de La Moncloa, sin que ni siquiera se les haya exigido un desmarque de la trayectoria terrorista de ETA, presumen de todo lo que le han arrancado al Ejecutivo. Mientras, se van acercando los presos de ETA a las cárceles próximas a Euskadi. De cinco en cinco. Cada fin de semana. Y la transferencia de prisiones a punto de salir del horno. Ya no hay ‘bota’ en Madrid. Porque el gobierno sanchista y podemita ha sido un chollo para sus aspiraciones. Solo queda la independencia. Y ahí se encuentran el PNV y EH Bildu marcando distancias.

Ortuzar ayer reivindicaba la autenticidad patriota en sus filas. Pero entiende «la construcción nacional como un paso gradual». Para echar en cara que la frustración está del lado de Otegi. Y si hay que recordar que Bildu y ETA tienen mucho que ver, Ortuzar utiliza el recurso de la «socialización del sufrimiento con ETA». Lo más curioso es que EH Bildu, que se quiere ‘tunear’ reclamando ahora que no se les llame herederos de ETA, ayer se dedicó a dar el cante. En el sentido literal. Sin mítines. Sin soflamas. En el Día de la Patria vasca, sin nada que decir. El segundo Aberri Eguna de la pandemia fue atípico. Los nacionalistas exhibieron un discurso de perfil bajo. Los que hablaron. Un giro que desconcertó a quienes están acostumbrados a los actos de reafirmación.