TONIA ETXARRI-EL CORREO

El camino hacia las urnas está plagado de cepos para todos los bloques políticos que integran el Congreso de los Diputados. A nadie se le oculta el progresivo deterioro del Gobierno, por su desgaste en la gestión de la crisis económica, por su controvertida reforma del Código Penal eliminando el delito de sedición y por la crisis abierta y sostenida que se ha desatado entre el ala socialista y las ministras de Unidas Podemos. Especialmente con Irene Montero con su ley del ‘sólo sí es sí’ que, a pesar del intento de la Fiscalía de neutralizar el desastre, está permitiendo la excarcelación de violadores antes de tiempo porque los jueces se están limitando a aplicar la nueva norma. El enfrentamiento entre la formación morada y la vicepresidenta Yolanda Díaz tampoco tiene visos de remitir, ahora que Vox le ha hecho el favor a la ministra Montero de encumbrarla como líder victimizada de los morados.

Con este panorama de división en la izquierda, se podría decir que nunca en esta legislatura la oposición había navegado con el viento tan favorable para tomar el relevo del Gobierno en las próximas elecciones. Pero no es oro todo lo que reluce. Esa percepción puede convertirse en un espejismo si Feijóo no encuentra la llave para motivar a su electorado. Los intereses creados en torno a la coalición ‘Frankestein’ han construido una alianza muy sólida entre la izquierda y el nacionalismo secesionista que va más allá de una victoria electoral.

Una alianza dispuesta a justificar hasta los ataques a los jueces, preparada para que se ponga la Constitución boca abajo y para que nos situemos un paso más cerca de la autodeterminación de Cataluña. En el centro derecha existe descoordinación y movimientos fallidos.

Falta más de un año para las elecciones generales pero, antes, en las autonómicas y municipales, el PSOE se la juega en nueve comunidades autónomas. El 28 de mayo será la prueba de fuego de sus barones en las urnas. Ayer, Pedro Sánchez estrenó su cargo al frente de la Internacional Socialista, pero algunos de los presidentes autonómicos más críticos, como García Page o Javier Lambán, además de Ximo Puig entre otros, no acudieron al acto de su entronización.

Mejor le fue al PP en su mitin del sábado porque Feijóo apareció en perfecta simbiosis con Isabel Díaz Ayuso en un baño de reafirmación criticando la «soberbia» y el «autoritarismo» de Sánchez. Pero el líder del PP tiene un ‘handicap’ en su carrera hacia La Moncloa. Apela a la unión del centro derecha pero necesita marcar distancias de Vox. Su estilo alejado de improperios e insultos atrae a un electorado harto de tanto enfrentamiento. Es cierto. Pero no es suficiente para «llenar las urnas». A diferencia del bloque del PSOE con ERC y EH Bildu, a Feijóo le da reparo que le confundan con los ‘trumpistas’ de Vox. Ha hecho bien en no presentar una moción de censura contra Sánchez porque sabe que no va a ganar. Le faltarían 33 escaños para la mayoría absoluta. Cuando desde el partido de Abascal o Ciudadanos le emplazan para que dé el paso, Feijóo saca la calculadora. Digan 33. Sabe que no le bastará con ganar las elecciones. Tiene que ser capaz de concitar una mayoría de gobierno. Vamos a ver el cartel de Feijóo y Díaz Ayuso en muchos actos electorales hasta el 28 de mayo. Sus perfiles son diferentes pero los dos se necesitan porque se complementan. Los dos quieren echar a Sánchez en las próximas elecciones. Pero controlando a Vox, que es de lo que se trata.