Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Javier Milei llegó a Madrid y llamó dictador a Sánchez entre aplausos liberales
Llegar a una ciudad y que tus amigos vayan al aeropuerto es muy bonito. Siempre que vayan a recibirte y no a subirse a otro avión para evitar coincidir contigo en su ciudad. Ayer Javier Milei apareció en Madrid con su ruidoso circo unipersonal y consiguió que Santiago Abascal se fuese a Coruña y Alberto Núñez Feijóo a Sevilla. «Motivos de agenda», les disculpó el presidente de Argentina. Llevaba razón. Abascal y Feijóo tienen agendadas unas elecciones en noviembre y la cercanía con Milei es ahora mismo tóxica para ellos. Por los mismos motivos de agenda, el PSOE desplegó ayer en Ferraz una lona gigante dándole al argentino la bienvenida al país «que más crece de Europa» de parte de los zurdos y las zurdas. La extensión de esa lona incitadora puede considerarse el último lance de la temporada taurina española. Milei, por supuesto, acometió y llamó a Pedro Sánchez «impresentable dictador» cuando no llevaba cinco minutos hablando en uno de esos foros económicos que son también desayunos. Tras uno de los zumos de naranja, Pedro Rollán. El presidente del Senado no tuvo la mínima dignidad de levantarse e irse cuando desde el atril pareció definirse el Estado del que es la cuarta autoridad como una dictadura.
Como cualquier dictador, Pedro Sánchez reaccionó subiendo a sus redes una canción de Lali Espósito, cantante argentina poco partidaria de Milei a la que este llama «Ladri Depósito». El ‘post’ tuvo mucho éxito porque los ‘spins’ de Moncloa son geniales, pero lo tuvo en la nación hermana, donde no servirá de mucho electoralmente si Pumpido sigue sin hacer las cosas bien.
Por la tarde, Javier Milei sí fue recibido por Isabel Díaz Ayuso, tal vez la única amiga que en Madrid le quiere de verdad. Aunque Ayuso optó esta vez por la batalla cultural discreta: a puerta cerrada y sin periodistas, por lo que pudiese soltar el invitado, que menudo es. En el acto matutino, una reportera de ‘Clarín’ intentó hacerle una pregunta y Milei se recreó en un ataque extenso, sañudo, ventajista contra el periódico y sus profesionales, a los que definió como «mentirosos seriales». (Mientras lo hacía, la edición digital de ‘Clarín’ abría con un caso de corrupción kirchnerista). El caso es que aquello me quiso sonar. «La máquina del fango austral», pensé. «¡La fachosfera, che!». Tras la andanada locoide contra la prensa, un conocido economista español le dirigió micro en mano a Milei la siguiente frase: «Muchísimas gracias por defender las ideas de la libertad». Y estalló en la sala una ovación, cabe suponer que emitida por los liberales patrios, ya se ve que notablemente desorientados.
EHU
Ingeniería virtuosa
La Universidad Pública Vasca no va a renovar su convenio de colaboración con CAF. El motivo tiene que ver con la participación de la empresa guipuzcoana en la construcción del tranvía de Jerusalén. Y con el compromiso de la EHU con «la paz, la justicia y la promoción de la convivencia democrática». El Rectorado recuerda que ese compromiso viene de un código ético aprobado en tiempos de la rectora Ferreira, o sea que tampoco es exactamente cosa suya. Y omite el prodigio de que la paz y la convivencia democrática les resulte mucho más fácil de defender en Gaza que en el edificio de la Facultad de Letras de Vitoria. Hace poco más de un año, el lehendakari aseguró que el contrato de construcción del tranvía de Israel cumplía «los más altos estándares de conducta empresarial responsable». Lo hizo después de pedirles a las empresas vascas que hiciesen una reflexión ética sobre sus vínculos comerciales con Israel. Sucedió entre una efervescencia de banderas palestinas y el actual rector anunció que la EHU no firmaría convenios con empresas relacionadas con la industria armamentística. Eso ayuda a que el fin de la colaboración con CAF preocupe en la Escuela de Ingeniería, donde puede que no le vean mucho futuro a que sus alumnos se especialicen en la proyección, cálculo y construcción de gestos virtuosos. Temen que después de CAF lleguen otras grandes tecnológicas del país a las que GKS, grupo estudiantil mayoritario en la EHU siempre alejado de la furia propagandista, define matizadamente en sus pancartas como «empresas genocidas».