Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • Hemos descubierto que la fuerza que les anima y que preside todas sus maniobras sucias, traiciones y vilezas varias, es la pura codicia

Es célebre la frase atribuida a Atila, caudillo de los hunos que asoló el imperio romano en la primera mitad del siglo V d.C., “donde pisa mi caballo, no vuelve a crecer la hierba”, tales eran la destrucción y las matanzas provocadas por el paso de sus hordas. La historia de las últimas dos décadas en España permite establecer una analogía entre el rey de las tribus esteparias que, procedentes de Asia Central, aterrorizaron a Europa hace mil seiscientos años, y el actual ocupante de La Moncloa. En efecto, recurriendo a una estrategia iniciada durante los dos sucesivos mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero y llevada a su culmen por su discípulo Pedro Sánchez a partir de la tramposa moción de censura de junio de 2018, la forma de alcanzar el poder y de afianzarse en él de los socialistas ha consistido en recurrir sistemáticamente a la política de la “tierra quemada”. No hay estructura institucional o sector de actividad de nuestro país que no haya sido objeto de la labor de demolición de la piqueta de la izquierda en alianza contra natura con separatistas y filoetarras. La Fiscalía General del Estado, el Tribunal Constitucional, el Consejo de Estado, el Consejo General del Poder Judicial, los medios de comunicación públicos y buena parte de los privados, los organismos reguladores, el CIS y las empresas controladas por el Gobierno, han sido colonizados, sometidos y pervertidos por Sánchez y sus secuaces. Esta descarada invasión de los centros neurálgicos de nuestra democracia liberal hasta transformarla en un remedo cada día menos disimulado de los totalitarismos populistas caribeños, hoy afortunadamente en claro declive bajo la presión interna de sus ciudadanos, hartos de miseria y represión, y la externa de Estados Unidos, ha sido posible sin que hasta ahora se haya producido una masiva reacción de rechazo por parte de los votantes, precisamente por esta anulación de los contrapesos constitucionales a los abusos del Ejecutivo y por las excesivas cautelas del principal partido de la oposición y las intemperancias de su necesario complemento.

A lo anterior hay que añadir otros elementos esenciales, cuidadosamente urdidos por la siniestra coalición gobernante, la degradación paulatina del sistema educativo público hasta convertirlo en una fábrica de semianalfabetos desprovistos de criterio, un entorno fiscal y normativo hostil a la creación y crecimiento de las empresas, una maraña de subvenciones clientelares generadoras de dependencia, una Agenda Tributaria entregada con entusiasmo a la proletarización de las clases medias y una política de vivienda que impide la formación de familias condenando a los jóvenes a la precariedad. 

La erección del muro

Por supuesto, todo este plan diabólico ha ido acompañado de la resurrección del guerracivilismo, la demonización de la alternativa y la erección de un muro que escinda a los españoles en dos bandos irreconciliables de tal manera que para millones de nuestros compatriotas es preferible un colectivismo empobrecedor, divisivo, despilfarrador e incompetente a una opción basada en la libre iniciativa, la cohesión nacional, el imperio de la ley, el fomento de la competitividad y la regeneración institucional, presentada contra la evidencia más elemental como la peor amenaza fascista imaginable.

Ahora bien, recientes acontecimientos relativos a la sistémica corrupción gubernamental, coronados por el descubrimiento de que el seráfico expresidente Zapatero es la cabeza de un tinglado delictivo entregado sin freno al tráfico de influencias y al blanqueo de capitales a nivel tanto nacional como internacional, en connivencia con narcodictaduras infames y con el indispensable consentimiento tácito de su pupilo, han puesto de relieve la verdadera motivación del siniestro programa de destrozos implacablemente ejecutado por el zapatero-sanchismo. Su auténtico objetivo, el que les mueve en el fondo, no es la mera consecución de una mayoría electoral que les dé acceso al BOE y a sus mieles de empleos bien remunerados, privilegios, gabelas y al oropel de cargos de relumbrón. Hemos descubierto que la fuerza que les anima y que preside todas sus maniobras sucias, traiciones y vilezas varias, es la pura codicia, el afán descarnado de enriquecimiento personal, el amasamiento de fortunas ilícitas para vivir el resto de sus existencias como rajás a costa del esfuerzo y el trabajo de millones de autónomos, pequeños y medianos empresarios, profesionales y asalariados que sostienen nuestra economía mientras una banda de delincuentes saquea el presupuesto y mete la mano en la caja común sin recato ni escrúpulo alguno. 

Sin embargo, a estas alturas de la ignominiosa etapa que hemos sufrido durante ocho largos años ya, empiezan a brotar briznas verdes del castigado suelo patrio y se vislumbra, loados sean la UDEF, el fiscal anticorrupción y los jueces independientes, un horizonte cada día menos lejano de saneamiento moral, regeneración institucional y recuperación del lugar que nos corresponde en Europa y en el mundo.