Jesús Cacho-Vozpópuli

  • Han convertido España en una gran red clientelar. Haces negocios si eres amigo de los ‘sociolistos’ pero sólo si estás dispuesto a pagar la correspondiente mordida

La noche del 14 de julio de 1789, Luis XVI no tenía clara en Versalles la verdadera gravedad de lo ocurrido en París con la toma de la Bastilla, a pesar de la información que le había pasado el vizconde de Noailles, cuñado de Lafayette y partícipe de su entusiasmo revolucionario. Más entrada la noche, alrededor de las once, el duque de la Rochefoucauld-Liancourt, otro miembro del círculo de Lafayette, pidió ver al rey en sus aposentos privados. Una versión del episodio sostiene que el noble-ciudadano informó al monarca por primera vez de la caída de la Bastilla. Y el rey reacciona preguntando:

– ¿Es una revuelta?

– No, Sire, no; es una revolución -responde Liancourt.

Así lo cuenta Simon Schama en su monumental Ciudadanos (Ed. Debate). Una revolución es lo ocurrido en España el martes 19 con la imputación del expresidente Rodríguez Zapatero acusado de cuatro delitos que podrían llevarlo a la cárcel por un buen puñado de años. Zapatero es la Bastilla del sanchismo, la fortaleza que llegó a representar todos los horrores de la monarquía absoluta, del poder sin cortapisas del monarca, la mazmorra donde penaban los condenados olvidados del mundo de por vida. El expresidente encarna lo peor de esta España institucionalmente reducida a escombros tras ocho años de sanchismo, el peor de los daños, la más letal puñalada, es haber acabado con el abrazo de Vergara, plasmado en la Constitución del 78, que vencedores y vencidos se dieron en los setenta tras la muerte del general Franco, abriendo de nuevo la herida entre las dos Españas que creímos cerrada y cicatrizada después de ver a Santiago Carrillo ocupar su escaño en el Congreso y a Dolores Ibárruri, ‘la Pasionaria’, ascender trabajosamente la escalinata hacia la vicepresidencia de edad de las Cortes españolas en julio de 1977.

No es posible en el reducido espacio de un artículo hacer relación detallada del proceso que llevó a Zapatero a convertirse en uña y carne de Pedro Sánchez, sostén ideológico y anímico de un sanchismo que, abandonado por el padre fundador del moderno PSOE, Felipe González, parecía huérfano de toda referencia. Está explicado en la pieza publicada en julio del año pasado por quien esto suscribe («El español más peligroso», 27 julio 2025), pero conviene insistir en la distancia que les separaba hasta el verano de 2021. “A mí me lo dijo más de una vez estando con él en Transportes”, confiesa un subordinado del entonces titular de Fomento, José Luis Ábalos. «Sánchez me ha dado instrucciones concretas de vetar cualquier iniciativa que provenga del lobby de Acento o de Zapatero y su grupo. A estos dos, ni agua», me dijo textualmente. De modo que Zapatero se vio obligado a una intensa labor de zapa destinada a desplazar a Ábalos de la posición preeminente de que gozaba en el universo Sánchez. ¿Quién era el hombre fuerte del presidente? Ábalos, por supuesto, ergo había que acabar con él para ocupar su lugar en el corazón del sanchismo. Convertirse en imprescindible para Sánchez. Lo logra con la eficaz ayuda de un José Blanco que había infiltrado la cúspide de Transportes con hombres suyos, gente que le sirvió cuando ocupó esa cartera durante el Gobierno Zapatero. Ellos son los que terminarían preparando el material incriminatorio que la noche del viernes 9 de julio al sábado 10 de julio de 2021 permitirá a Sánchez despedir con cajas destempladas a su íntimo amigo y hombre de confianza, el hombre que le había ayudado a reconquistar la secretaría general del PSOE, encargado en mayo de 2018 de defender la moción de censura que lo elevó a la presidencia del Gobierno.

A partir de julio del 21, el cogollo del poder en España pasó a manos de Zapatero. Las inversiones, contratos y obras que se llevan a cabo en Transportes, con sus comisiones, donde siguen mandando los hombres que en su día colocó allí Pepiño Blanco, ahora a las órdenes de un Óscar Puente jugador de dos barajas, la más sorprendente de las cuales tiene que ver con su intención, abortada por el desastre de Adamuz, de convertirse en sucesor del propio Pedro como candidato a la presidencia del Gobierno; la dirección de la Defensa nacional (y la pasta de las inversiones en el sector), más los secretos del CNI, todo ello a través de su subordinada Margarita Robles, y el control de Interior (fuerzas y cuerpos de la Seguridad del Estado) gracias a Grande-Marlaska, otro de los chicos de Zapatero, con asuntos clave en sus manos como la política de inmigración. El leonés se convierte en corazón y nervadura, arbotante del edificio del sanchismo sobre el que descansa el régimen. El expresidente proporciona cobertura doctrinal al experimento de populismo izquierdista que camina hacia esa España Plurinacional donde sobra la Monarquía y más de la mitad de los españoles, y al mismo tiempo introduce a Sánchez en la carrera del gran dinero, la pasión por la pasta, el afán por hacer fortuna. Porque lo del socialismo español ha ido siempre de dinero, y la ideología ha sido apenas la sábana blanca con la que los mafiosos han intentado tapar los ojos de los ingenuos bebedores de doctrina. Una gente que llegó al poder sencillamente para enriquecerse a calzón quitado. La famosa banda que denunció Albert RiveraComo ocurre en toda gran familia del hampa, también aquí se destapó una guerra entre clanes. Un bando zafio, de bar de carretera con luces de neón y club de alterne, que no duda un segundo en enriquecerse con las migajas de las mascarillas cuando el país vivía angustiado y recluido en su casa, a cuyo jefe pagan con comidas y con putas, le retribuyen en especie, y otro gang mucho más ambicioso, el que representa Zapatero, una gente que hila más fino pero, como aquella, dispuesta a enriquecerse hasta las talanqueras. Y dentro de la famiglia, pierde un clan y gana otro. Todo lo supervisa el hijo putativo de Zapatero, un hombre crecido a la lumbre ejemplar de las saunas gay de su suegro, Sabiniano Gómez. Ese es el marco moral sobre el que se construye el sanchismo.

Zapatero ya se ha hecho fuerte en la América de las «democracias» populistas de extrema izquierda representadas en el Grupo de Puebla, y en particular en la Venezuela del chavismo, donde ha entroncado con el dictador Maduro y con los generales que sostienen a Maduro, lo que equivale a decir con los negocios del régimen. Es el hombre clave para resolver los problemas de cualquier gran empresa con la dictadura venezolana. Valga el ejemplo de Banesco, el banco venezolano de Juan Carlos Escotet, dueño en España de Abanca. Un buen día los milicos detienen a la cúpula directiva del banco y la meten en la cárcel. Escotet vuela acongojado a Caracas, pensando que al llegar puede ser conducido directamente a prisión. No lo hacen, pero no consigue sacar a su gente de la trena. Hasta que alguien le dice que la vía adecuada para lograrlo es la del expresidente español Rodríguez Zapatero. Y ZP logra ponerlos en libertad. ZP nunca pide nada, nunca se mancha las manos, nunca se moja. Pero un tiempo después alguien llama a la puerta de Escotet con la cuenta. Es un exministro del Zapatero presidente y actual socio. Uno de los «cobradores del frac» de ZP. (Escotet me ha desmentido que haya pagado por la liberación de sus hombres). Y han sido muchas las gestiones «altruistas» que el expresidente ha realizado ante Maduro para las Telefónicas, los Repsoles, los BBVA. La lista de empresas es larga. Españolas y extranjeras. Todo el que tenía un problema en Venezuela sabía cuál era la puerta a la que había que llamar.

Al mismo tiempo, la banda ha caído sobre el Ibex 35 con la voracidad del ave de presa sedienta de dinero. Durante los últimos 20 años, Zapatero ha tenido incrustado en la cúpula de Telefónica a un hombre de su absoluta confianza, Javier de Paz, casi 20 años chupando del bote a razón de casi un millón de euros al año. Lo mete César Alierta a pedido de ZP presidente, porque antes había metido a Eduardo Zaplana. Uno del PSOE y otro del PP. De Paz y Zaplana se hacen íntimos amigos. Y cuando llega el momento, De Paz se carga al propio capo de la compañía, José María Álvarez Pallete, cuando éste le anuncia su intención de sacarlo del Consejo de Administración. El titular, Sánchez, y el presidente en la sombra, Zapatero, inclinan el pulgar y Manuel de la Rocha, el amanuense de Pedro para asuntos del dinero ajeno, ejecuta. De la Rocha llama a capítulo al CEO de una cotizada en Wall Street y lo pone en la calle en el mismísimo palacio de la Moncloa. Y se apoderan de Indra. Con el dinero del contribuyente, la SEPI adquiere un 28% de la cotizada y la toman al asalto, porque allí va a acudir el gran dinero para invertir en Defensa y esa oportunidad no se nos puede escapar. Ahí se van a hacer enormes fortunas. Y tratan de asaltar la propia Prisa para mandar sin cortapisas, algo que impide ese extraño personaje llamado Joseph Oughourlian. E intentan el golpe de gracia que les hubiera hecho invulnerables: el asalto al primer grupo bancario e industrial español, el Grupo Caixa, pero Isidro Fainé se entera a tiempo y corta en seco el intento. Y le han cortado las alas al BBVA, en espera de que el PNV diga la última palabra a resultas de lo que salga de los juzgados tras el caso Villarejo, y le han mirado los bajos a un tipo sin pelos en la lengua como Ignacio Sánchez Galán con la intención de montarle un quilombo en Iberdrola (el sueño húmedo de este Gobierno), y Ana Botín sigue teniendo en el Consejo del Santander a Juan Carlos Barrabés, el íntimo de Begoña Gómez, en contra de cualquier tipo de compliance y en contra del BCE, porque Pedro le ha dicho a Ana que ni se le ocurra despedirle (dos senadores republicanos acaban de enviar un recado a la señora Botín a cuenta de la compra de Webster). Y todo el mundo callado, porque nuestros ricos, muy ricos y muy cobardes, están ganando dinero a espuertas, y entonces se trata de que nadie nos señale con el dedo, pero, oiga, ¿y de la democracia, qué?, pregunta uno ingenuamente. Y ellos responden con una media sonrisa trufada de Dom Pérignon: «Perdone, ¿qué dice usted de la democracia? ¿De qué está usted hablando…?

Es un saqueo generalizado. Es el rescate de Air Europa, la aerolínea del Javier Hidalgo, estrella de ese grupito que componen los Rosauro, los Pacheco, los Bohórquez, los Varela Entrecanales, casi todos los del Grupo Alconaba, todos íntimos de Javier de Paz, con todos desayuna José María Aznar en Guadalmina en pleno ferragosto y con todos hace negocios o lo intenta su hijo menor, Alonso Aznar Botella. Es Javierito Hidalgo planificando el rescate de Air Europa con Begoña, la mujer del presidente, en un hotel de San Petersburgo. Es el rescate de Plus Ultra, una compañía venezolana de un solo avión convertido en uno de esos escándalos que solo pueden terminar en el juez de guardia. Es el rescate de la discoteca Pacha, propiedad de ese prototipo de empresario pijoprogre que es Rosauro Varo, hijo de destacada socialista andaluza. Siempre detrás de cada esquina, en la sombra de cada escándalo, anida una rapaz apellidada De Paz, el correveidile de Zapatero. De Paz ha explicado que él y su hija pensaron poner 800 y 200 euros, qué tiernos, respectivamente, en el capital fundacional de Análisis Relevante (AR), la empresa fantasma que recompensó a ZP y sus hijas con cientos de miles de euros tras el «éxito» del rescate de Plus Ultra, pero que luego se arrepintieron. Resulta que en el accionariado de AR figura un tal Sergio Sánchez, un ex CNI reconvertido en auténtico machaca de De Paz, al que De Paz rescata de la Cuesta de las Perdices para meterlo en Telefónica. Y en Telefónica estaba hasta que, tras la segunda denuncia por acoso, lo saca corriendo de la operadora y lo esconde en Indra, Y cuando a Indra llega Marc Murtra con su gente y no quiere a Sergio, de Paz vuelve a recogerlo y se lo lleva con él a Movistar+. Pues bien, dicen que Sergio es el dueño del 25% de AR. Ustedes mismos. Ahora, De Paz vende precipitadamente la histórica sede social de Telefónica en la Gran Vía madrileña a Tomás Olivo, otro que se ha hecho rico en el farwest de Marbella. Hay prisa por cobrar las comisiones, aunque hay quien sugiere que estamos ante una venta ficticia. Malos tiempos le esperan al hombre para todo de Zapatero. Guerra para De Paz en el sumario Calama. Y lo que vendrá, porque parece que Sergio o Julio (Julio Martínez, capo de AR e íntimo de ZP) están largando.

Han convertido España en una gran red clientelar. Haces negocios si eres amigo de los sociolistos pero siempre con la condición de que estés dispuesto a pagar la correspondiente mordida, como muy bien supo Ángel Escribano en Indra. Una red clientelar que desde julio de 2023 gestiona directamente el PSC (cuando Pascual Maragall denunció lo del 3% en el Parlament o no se había enterado o estaba mal informado, porque CiU no cobraba el 3% sino el 6%, pero es que el PSC se embolsaba religiosamente su 3%, justo la mitad). Lo sabe cualquier empresario importante en Madrid o Barcelona. Todo ha sido un gran sarpullido doméstico, un robo a punta de cargo, una estafa a manos llenas con el dinero del contribuyente, que ha pasado desapercibida fuera de las domésticas fronteras españolas, Todo, sí, hasta que esta ambiciosa pareja, los Pili y Mili de la política española de la primera mitad de siglo, ambiciosos como perros de presa, han querido jugar en la Liga de las Naciones. Han pretendido convertirse en los representantes en Occidente de la China de Xi Jinping y del Partido Comunista chino. Ese ha sido el error que podría llevarles durante muchos años a la cárcel. Se han ofrecido como puerta de entrada, puerta trasera of course, para la penetración china en la Unión Europea. Inundar Europa de coches baratos fabricados en España y por tanto con el marchamo del made in EU. Con aporte cero de tecnología y de puestos de trabajo. Simplemente comprando políticos. Los chinos han entendido que Europa es hoy una vieja impedida carcomida por una corrupción galopante, con la circunstancia de que los políticos europeos son muy baratos a la hora de corromperse. Y ellos suelen ser muy generosos con quienes les sirven. Los chinos pagan muy bien. La presencia china en España es hoy mismo apabullante, tanto en empresas como en personajes. Todo esto ha llamado la atención de Washington, hasta el punto de que el gran gendarme de Occidente ha dicho basta. Se acabó la diversión: llegó el Comandante y mandó a parar. La Administración Trump ha decidido acabar con Pedro Sánchez.

De hecho, buena parte del sustrato probatorio contenido en el auto del juez Calama procede de la información facilitada por las autoridades judiciales norteamericanas, y se espera un aluvión de novedades en este terreno según vayan llegando a nuestro país las confesiones de Alex Saab, el operador financiero del régimen venezolano, cuya extradición a Estados Unidos, conocida esta semana, ha sido una pésima noticia para Zapatero y para el propio Sánchez. No es posible entender los desmanes de ZP sin la figura omnipotente y protectora de Sánchez. «Si Zapatero hacía negocios era porque tenía detrás al Consejo de Ministros y a la presidencia del Gobierno de España». Lo ha dicho Núñez Feijóo y lo repiten hoy millones de españoles por las cuatro esquinas del país. Los negocios de Zapatero, un expresidente que actuaba con el desparpajo propio del cabecilla de una organización criminal, eran los negocios de Sánchez. Del auto del juez se desprende que los socios de Plus Ultra conocieron y celebraron el rescate de la aerolínea antes de que fuera aprobada. El rescate se llevó a cabo porque Zapatero lo impuso y Sánchez se comprometió a aprobarlo antes incluso de que fuera debatido en Consejo de Ministros, reunión convertida después en un mero trámite, de modo que todo el Gobierno, con Sánchez a la cabeza, debería estar empapelado a estas alturas por tal motivo. Circula estos días una fotografía muy expresiva: la de un Sánchez vestido de negro recibiendo lo que parece ser el pésame de una Sara Aagesen igualmente de aspecto contrito. Es la foto de la defunción del sanchismo. No le va a quedar más opción que entregarse.

La toma de la Bastilla supuso la pérdida de París para el poder real. Luis XVI ya no podía imponer su voluntad por la fuerza a los Estados Generales reunidos en la Asamblea Nacional, que a la mañana siguiente se juntó de nuevo para escuchar otro de los encendidos discursos de Mirabeau. «Apenas había terminado su intervención cuando se anunció la llegada de Luis», escribe Schama. «Su aspecto era tan asombroso, tan desconcertante en su desnudez, que equivalía a una abdicación. El rey llegó a pie, sin aparato, sin séquito, sin ni siquiera un solo guardia con calzón y peluca». Luis confirmó a la Asamblea la retirada de las tropas restantes que estaban en el Campo de Marte. Acababa de perecer la augusta corte de los Borbones. La mañana del 16 de julio de aquel 1789, el consejo real se reunió por última vez en Versalles y en su forma tradicional. El mariscal De Broglie, breve ministro de la Guerra, aclaró que, dada la desintegración del ejército, los intentos de contraatacar París resultaban estériles. Ni siquiera se podía garantizar la seguridad del rey si decidía emprender la huida.

– Sire, no queda más remedio que rendirse -concluyó De Broglie.