Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • Una parte muy grande de la sociedad española está en paro cardíaco

En las democracias representativas las elecciones pueden ser una rutina tranquila en la que periódicamente los ciudadanos eligen a los parlamentarios que van a legislar en su nombre y a formar la mayoría que sustente al Gobierno. En circunstancias normales, la alternancia en el poder no resulta dramática, sino que tiene lugar en un clima de serenidad social y paz civil. Así se desarrollan los comicios regularmente en los países nórdicos europeos, en Canadá o en Nueva Zelanda, por poner ejemplos notorios en tres continentes distintos. Sin embargo, surgen ocasiones en las que la llamada a las urnas adquiere un especial significado, una sensación compartida por millones de votantes de que lo que está en juego va mucho más allá de un mero cambio de orientación de las políticas educativa, fiscal, de seguridad, económica, de defensa, de bienestar o de sanidad mientras los fundamentos del sistema permanecen inalterados. Las elecciones presidenciales francesas que se celebrarán en abril de 2027 son un caso claro de este fenómeno perturbador, cuando la gente adquiere conciencia de que el resultado representará una transformación drástica y profunda, no ya de la acción legislativa y de la ejecutoria gubernamental, sino una sacudida traumática de las bases ideológicas y de la estructura del Estado que abra paso a nuevos paradigmas en cuestiones altamente sensibles que afectan directamente a la convivencia cívica y a las relaciones entre sectores de opinión e intereses divergentes.

 Precipitación al abismo

La fecha del 29 de noviembre adquiere desde esta perspectiva un contenido particularmente trascendente para los españoles. Los últimos ocho años han sido uno de los períodos más oscuros, amargos y decepcionantes de nuestra historia contemporánea. Una mayoría parlamentaria antinatural, cohesionada únicamente por la voracidad de unos, la falta de escrúpulos de otros, el odio a la Nación que supuestamente deben servir de no pocos y el sectarismo de todos sus integrantes, ha sometido a España a un proceso insoportable de degradación de las instituciones, de corrupción sistémica, de división y enfrentamiento entre compatriotas estimulado desde La Moncloa, de endeudamiento irresponsable y de demagogia desatada, que han infligido heridas profundas en el cuerpo nacional que tardaremos mucho tiempo, si es que podemos hacerlo, en cerrar.

Como hay veces en las que Dios casi estrangula, pero afortunadamente no ahoga del todo, el 29 de noviembre ofrece una oportunidad, probablemente la última, de evitar que el camino descendente que seguimos desde 2004 y que ha entrado en fase de aceleración final a partir de 2018, nos precipite en el abismo de la confrontación civil sangrienta, la ruina material y la descomposición territorial al que sin duda estaríamos abocados si la actual pesadilla sanchista se prolongase cuatro años más.

Marx acuñó la célebre observación en El 18 Brumario de Luis Bonaparte de que la historia nos muestra tragedias que después se repiten como farsas y si nos remontamos a los años 1931, 1934 y 1936 del pasado siglo vemos que, al igual que entonces, la izquierda, cuando pierde o percibe que puede perder las elecciones, reacciona con la violencia callejera y el pucherazo. Es verdad que la renta per cápita, el nivel de alfabetización y la pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN, establecen un marco muy distinto al de hace noventa años, pero las consecuencias de una continuidad de Pedro Sánchez y su acompañamiento de fuerzas deletéreas una legislatura más, serían igualmente letales.

Movilizarse y acudir a votar

Ante tan sobrecogedor escenario, los españoles llamados a los colegios electorales dentro de cinco semanas que quieran contribuir eficazmente a recuperar la unidad, la seguridad y la prosperidad colectivas hoy seriamente dañadas por el sanchismo, han de tener muy presentes los siguientes puntos: 1) han de movilizarse y ejercer su derecho al voto 2) han de votar presencialmente y no por correo siempre que les sea posible 3) no han de desperdiciar ni una sola papeleta en opciones marginales sin posibilidad alguna de obtener escaños y concentrar su apoyo en los dos partidos que están en condiciones de articular una mayoría sólida liberal-conservadora siguiendo el ejemplo de responsabilidad y patriotismo que ya ha dado Iván Espinosa de los Monteros y 4) han de ser conscientes de que la cuestión que se dilucidará es de carácter existencial y, por tanto, han de entregarse infatigablemente al proselitismo entre sus familiares, amigos y conocidos de aquí al día de autos.

En cuanto a la primera y la tercera fuerza parlamentarias deben actuar sensatamente, alcanzar un acuerdo para contrarrestar la maniobra de la mayoría Frankenstein para controlar el Senado, exponer sus propuestas prescindiendo de hostigar a su futuro socio y sortear las trampas que les tenderá la izquierda durante la precampaña y la campaña. Una parte muy grande de la sociedad española está en paro cardíaco porque si estuviera bien no habría aguantado el espectáculo de indignidades, venalidades, abusos y traiciones que hemos contemplado desde la torticera moción de censura del bolso abandonado y la larga sobremesa alcohólica. La convocatoria electoral del 29 de noviembre ha de servir de desfibrilador.