Ignacio Camacho-ABC

  • Los narcos de Badajoz han demostrado más escrúpulos que la morralla a la que la ‘famiglia’ encargaba los trabajos de confianza

Lo más divertido es que dijeron que no. Los narcos de Badajoz rechazaron la propuesta de las cloacas del PSOE para atentar contra la jueza Biedma. A la matriarca del clan de los Rochos, alias ‘La Celsa’, con dos familiares asesinados por ajustes de cuentas, le pareció una mala idea. No es broma, está en el informe elaborado por la UCO para el sumario que instruye la Audiencia. Incluso dentro de la anomalía general que ha instalado el sanchismo en la escena española, el solo hecho de que los traficantes de Badajoz y el PSOE aparezcan en la misma investigación ya es de por sí una circunstancia chocante, pero este caso representa un hito de vileza: intermediarios del partido del Gobierno instando a unos delincuentes a darle un susto –o algo más– a una magistrada y recibiendo por respuesta una lección de sensatez o de cautela. El hampa tiene sus códigos y al menos estos traficantes hasta ahí no llegan. Quizá la instructora del caso del ‘hermanísimo’ hubiera tenido peor suerte de estar en Marbella.

La cosa tiene aún peor cariz si se analiza el contexto. Entre los meses de abril y mayo de 2024 se abrieron las causas contra el hermano y la esposa del presidente del Gobierno. A finales de abril Pedro Sánchez se tomó los célebres días de reflexión, de los que salió una denuncia explícita de conspiración judicial, y en esa misma fecha se produce la reunión entre Leire Díez y Santos Cerdán que consta en el procedimiento. En noviembre tienen lugar los contactos entre los narcos pacenses y un exjuez amigo de la trama de ‘fontaneros’. Y entre septiembre y diciembre, Díez visitó dos veces a la directora de la Guardia Civil, responsable de la UCO, para ‘tomar café’ cerca de la sede de Guzmán el Bueno. La responsabilidad penal de los actos es de quien los comete y probar la inspiración intelectual implica un ejercicio jurídico bastante complejo. Pero el análisis de la cronología de los hechos y del escenario político en aquel momento permite sospechar de una relación entre causa y efectos.

Biedma ha declarado ante su colega Pedraz que se sintió amenazada. Que un abogado le mostró vídeos de sus hijas en el colegio y en el parque, y que era consciente de que su vida cotidiana estaba sometida a vigilancia. Alguien quería que lo supiera, un método clásico de la mafia. Como profesional del derecho sabe que no puede señalar a nadie sin tener constancia pero el relato de la Guardia Civil recoge conversaciones y movimientos que delatan el propósito de intimidarla. «Un puto grano en el culo» fueron las palabras exactas con que el enviado de las alcantarillas socialistas la definió ante uno de los miembros de la banda gitana. Lo llamativo del episodio es que unos maleantes de los bajos fondos aventajaran en escrúpulos a los manijeros que pululaban por Ferraz con vara alta. Éste es el tipo de gente a quienes la ‘famiglia’ de la Rosa Nostra encomendaba tareas de confianza. Sea cual fuere el motivo de sus calabazas, hasta los Rochos han quedado como unos señores al lado de esta morralla.