El derrumbe político de CiU

EL CORREO 14/06/13
JOSU DE MIGUEL BÁRCENA, PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA

Mientras el ‘sorpasso’ de Esquerra sobre CIU se materializa con pleno consentimiento de Mas, ya veremos si también de Duran, la carrera patriótica adquiere tintes paroxísticos

Las últimas encuestas realizadas por ‘El Periódico’ y alguna cadena nacional de televisión pronostican un vuelco político en Cataluña. Por primera vez desde que se celebran elecciones autonómicas desde 1978, CiU dejaría de ser la fuerza más votada en beneficio de Esquerra Republicana. Es verdad que después del fiasco demoscópico producido en las elecciones de noviembre pasado, conviene no dejarse llevar por las proyecciones de las encuestas, que como la mayor parte de las cosas que ocurren en la cosa pública catalana, han alcanzado categoría de ficción. Sin embargo, desde que se produjeron los acontecimientos de la manifestación independentista, algunos miembros de la coalición nacionalista, particularmente los vinculados a Unió, ya venían apuntando la desastrosa estrategia de apuntarse al tren secesionista sin mayor reflexión.

Sin duda, uno de los problemas más graves que en estos momentos suceden en el proceso abierto tras la manifestación del 11 de septiembre, es que la política y la sociedad civil catalana están tomadas por exaltados que han reducido la crisis social, económica e institucional a una serie de eslóganes propagandísticos que ayudan a simplificar el entendimiento del mundo por parte de los ciudadanos. A pesar del terrible ridículo de las elecciones en las que pedía una mayoría indestructible y se encontró con doce diputados menos, Mas decidió seguir con el plan pergeñado tras la visita a Rajoy en septiembre pasado: el tiempo del pacto fiscal ha pasado, ahora es el momento de la independencia a través de la puesta en marcha del derecho a decidir. Para ello, unió sus fuerzas a Esquerra y a su líder, Oriol Junqueras.

Lo que le pasa a CiU ahora con el partido republicano es algo parecido a lo que le sucedió al PNV de Ibarretxe durante la década de 2000. A la izquierda abertzale nunca le hizo falta estar en el Gobierno o en el Parlamento de Euskadi, porque el partido mayoritario llevaba en su programa el ideario político que Batasuna y ETA habían impuesto en la hoja de ruta del Pacto de Lizarra. En el caso catalán, Junqueras hace de jefe de Gobierno y de la oposición, en un fenómeno seguramente desconocido para la ciencia política moderna. En Cataluña no se toma una decisión parlamentaria sin que Esquerra de el visto bueno correspondiente, mientras el Ejecutivo dirigido por Mas va cumpliendo con la senda marcada por el partido republicano en todos los ámbitos. Todo ello a coste político cero, porque la formación de Junqueras puede permitirse el lujo de ejercer efectivamente el poder sin tener que mancharse las manos, como diría Sartre.

Más allá de la relación Parlamento-Gobierno, cobran sentido aquellas palabras de Duran i Lleida, cuando advertía que entre el original y la copia, los votantes se quedarían con el original. ¿Por qué dijo esto el líder de Unió? Por la sencilla razón de que CiU nunca ha sido un partido independentista. Nadie duda del nacionalismo convergente y su enconada lucha por defender los intereses de Cataluña en el seno de España, pero de ahí a que de la noche a la mañana uno pase a defender tesis independentistas, va un trecho grande. No es de extrañar, y esta es una mera intuición, que el votante de CiU esté desorientado. No tanto, obviamente, como el del PSC, que desde que comenzó el embrollo secesionista, se ha dedicado a jugar a la ambigüedad cuando el momento político actual requiere claridad. Pero no se puede descartar que el desaforado discurso de Mas en los últimos meses, con disparates varios como el que recientemente definía a España como un Estado subsidiado por Cataluña, haya hecho pensar a cierto electorado de CiU que el discurso del presidente de la Generalitat sea impostado o que el proceso soberanista sea en realidad una cortina de humo para tapar los numerosos casos de corrupción. Nadie parece advertir que las sucesivas negativas de Esquerra a celebrar comisiones de investigación sobre la materia produce un ambiente de impunidad del que solo sale beneficiada, en la balanza de votos nacionalistas, la propia formación republicana, que aparece frente a la opinión pública como un partido honrado que no tiene como imputados a ninguno de sus miembros más sobresalientes.

En todo caso, mientras el ‘sorpasso’ de Esquerra sobre CiU se materializa con pleno consentimiento de Mas, ya veremos si de Duran, la carrera patriótica adquiere tintes paroxísticos. Por de pronto, llegan los fastuosos festejos de la mítica invasión de Cataluña por España en 1714, que se entremezclan con balanzas fiscales de fantasía que dibujan un paisaje colonial y un estado de opinión totalmente favorable a las tesis independentistas. Por supuesto, el Gobierno central no tiene nada que decir, algo que si en el marco de la ciencia histórica es comprensible, desde el punto de vista del victimismo económico y cultural no tiene justificación.