El editorial como fe de errores

La apuesta por vías políticas y pacíficas es recurrente en eso que ahora llamamos la izquierda abertzale. Hace ya once años, los grupos parlamentarios del PNV, EA y EH, que contaba entre sus efectivos con el entonces jefe de ETA, Josu Ternera, firmaron una apuesta como la que El País nos promete en plan gran novedad de la temporada de verano 2010.

Hoy, lunes, El País publica un editorial notable en el que desmiente con bastante rotundidad lo que sus informaciones habían sostenido durante el viernes, el sábado y el domingo. El viernes el diario abría la serie con el titular de portada reproducido arriba [«La izquierda ‘abertzale’ presiona para que ETA deje las armas este verano. Los radicales afirman que se alejarán de la banda si no opta por vías políticas. El sindicato LAB inicia una cadena de pronunciamientos»] y hoy enmienda las informaciones de los tres días precedentes en un editorial muy razonable:

«No hubo tal. La principal dirigente del sindicato hizo la consabida apelación al derecho a decidir «sin violencias de ningún tipo ni injerencias», y reclamó el derecho a defender el programa soberanista «en igualdad de condiciones». Pero se abstuvo de decir que es la presencia amenazadora de ETA (que desde 1993 ha asesinado a 26 concejales y otros cargos de los partidos no nacionalistas) lo que impide esa igualdad de condiciones de todas las opciones.»

Esa es la cuestión, resumido en título y subtítulo: «Quieren que les crean. Renuncia a la violencia sin contrapartidas: ese es el paso que los de Otegi no acaban de dar.»

Así es y así lo percibíamos ayer. Tal vez hubiera podido redondearse la faena si el editorial no hubiera reducido la falsa expectativa a una maniobra de la izquierda abertzale de manera exclusiva; el propio diario la extendió con gran eficacia. De todas formas, si el Gobierno empleó el B.O.E. para una fe de erratas no hay razón para que un editorial tenga mayor solemnidad.


6/6/2010

Un eterno retorno

[EL PAÍS: «LAB se pronuncia por un proceso sin injerencias de ETA ni violencia».
LIBERTAD DIGITAL: «LAB aboga por un ‘nuevo movimiento independentista’ sin condenar a ETA»]

Hay dos maneras de verlo: Los dos titulares se refieren al acto que celebró el sindicato LAB ayer en Pamplona. El País lo había anticipado en su portada del viernes: «La izquierda abertzale presiona para que ETA deje las armas este verano»:

«El mes de junio puede ser clave, un hito en la historia del final de la violencia de ETA. La izquierda abertzale iniciará mañana en Pamplona una serie de actos, camuflados detrás de actividades públicas reivindicativas contra el Gobierno y de otro tipo, en los que marcará una clara apuesta por «las vías políticas y pacíficas» al conflicto vasco.»

Camuflados. Sabemos cuál es su verdadero propósito, no importa que hablen de una huelga general contra el decretazo o que reclamen, como es habitual, la independencia. En realidad, quieren decirle basta a ETA. No lo van a decir así, claro, nunca lo hacen, pero sabemos leer entre líneas. No importa el titular digital. La apuesta por vías políticas y pacíficas es su manera de hacer las cosas, their way. Lástima que esta apuesta sea tan recurrente en eso que ahora llamamos la izquierda abertzale, pero que antes fue Batasuna y antes Euskal Herritarrok. Hace once años, el 19 de mayo de 1999, los grupos parlamentarios del PNV, EA y EH, que contaba entre sus efectivos con el entonces jefe de ETA, Josu Ternera, firmaron una apuesta como la que El País nos promete en plan gran novedad de la temporada de verano 2010, un pacto de legislatura en el que la izquierda abertzale explicaba:

«Reiteramos nuestra apuesta inequívoca por las vías exclusivamente políticas y democráticas para la solución del conflicto de naturaleza política existente en Euskal Herria.»

La primavera nos predispone a la esperanza. En la de 2006, inaugurada con la declaración de tregua hecha por ETA el 22 de marzo, menudeó el anuncio de que Batasuna haría todo lo necesario (condenar la violencia y apostar por vías inequívocamente pacíficas, etc.) como paso previo a solicitar su legalización perdida por auto del TS el 27 de marzo de 2003.

Deberíamos entender los discursos en su contexto. La vida es como una película de Billy Wilder y las cosas y las personas raramente son lo que parecen. En octubre de 1978, tras el asesinato de tres militares, el PNV convocó por primera vez al pueblo vasco a expresar «pública y colectivamente su rechazo absoluto al terrorismo». La gente, que normalmente se fija poco en las cosas, creyó que la manifa era contra ETA, al igual que hoy piensa que LAB se manifiesta contra los gobiernos español y vasco. El PNV conminó entonces al Gobierno de Suárez y a UCD a no participar en el acto. Anasagasti explicó su malestar en una entrevista en Egin, el 14 de octubre de 1978 porque:

«el asunto de la manifestación se haya presentado como una manifestación contra el terrorismo (…) Parecía que nos dirigiéramos directamente contra ETA y no es eso. La gente que se quiere aprovechar de esta manifestación para ir contra ETA se ha confundido de manifestación».

¿Contra quien irá la manifestación?, se preguntarían inquietos los lectores de la entrevista. Arzalluz lo explicaba en Tafalla, durante su intervención en un mitin:

«la manifestación no es contra ETA, porque siempre ha habido gente que se ha levantado en armas contra la opresión. Madrid sólo entiende un lenguaje: el de la fuerza. La manifestación es para pararle los pies a Madrid».

De pararle los pies a Madrid el PNV, a parárselos a ETA la izquierda abertzale. Es un avance, que duda cabe.

Santiago González en su blog, 7/6/2010