El estabilizador desestabilizado

ABC – 06/06/16 – IGNACIO CAMACHO

· Desde una convicción optimista, Podemos ha logrado transmitir al PSOE el estigma de partido perdedor, arrumbado.

En un país con mayoría sociológica de centro-izquierda, el PSOE ha sido el gran estabilizador de la democracia. Su papel como partido de Estado ha resultado incuestionable más allá del juicio que merezcan sus políticas; fue decisivo en la construcción de las estructuras del bienestar social y en la modernización de España, y durante sus etapas de oposición sostuvo los consensos bipartidistas claves para la estabilidad constitucional. Por eso su crisis actual constituye un inquietante factor de desconfianza; por primera vez en cuarenta años existe riesgo de que la alternativa al reformismo liberal pase de la socialdemocracia moderada al extremismo populista.

El Partido Socialista se enfrenta hoy a un problema externo, el de la radicalización de las clases medias que constituían su base electoral, y a dos internos: la falta de proyecto y la de liderazgo. La quiebra del zapaterismo ha producido un monumental desconcierto en sus filas, incapaces de generar líderes solventes para renovar el discurso de una fuerza con aspiraciones de gobierno. El signo más desalentador de la etapa de Pedro Sánchez consiste en que en ningún momento se ha planteado siquiera la posibilidad de vencer al PP en las urnas: toda su estrategia se basa en derribarlo del poder mediante pactos de aislamiento. Ese desistimiento en sus propias posibilidades ha engrandecido a su rival ideológico. Podemos avanza desde una convicción optimista que transmite a sus simpatizantes la fe en la victoria. A base de gestión emocional, Pablo Iglesias ha logrado convencer a muchos ciudadanos de que el PSOE es un partido perdedor, esclerótico y arrumbado.

El ya más que posible relevo en la correlación de fuerzas de la izquierda sería una catástrofe para los socialistas y para la democracia, porque Podemos encarna, bajo su edulcorada campaña, un proyecto revanchista de ruptura social y política. Sánchez comete un inmenso error táctico al dar la batalla en el terreno y con las armas de su adversario: mientras más se aproxime a Podemos, más ganará Podemos. El líder socialdemócrata, que ya agrandó a los populistas al entregarles los principales ayuntamientos, está renunciando a un modelo propio y eso lo reduce a un papel subsidiario. Su apelación al voto útil se vuelve inútil al carecer de un mensaje reconocible con el que abrirse paso.

Con un PSOE encogido al que sus propios electores no encuentran motivos para votar, el sistema corre peligro de perder un esencial amortiguador político, el muelle moderado sobre el que bascular ante el desgaste del centro-derecha. Para que el mecanismo constitucional funcione sin sobresaltos, la alternativa socialdemócrata necesita un golpe de timón urgente que la desencalle de su progresiva irrelevancia. Y eso empieza por rectificar su errático liderazgo. El estabilizador (o la estabilizadora) que lo estabilice buen estabilizador será.