Editorial-El Debate
  • La victoria inmensa de España es otro mensaje al fracasado Gobierno que la debilita

La victoria de España en el Mundial es mucho más que un éxito deportivo y representa, ante todo, la grandeza de un país unido, histórico y con un orgullo sano sobre sí mismo que, a menudo, encuentra un lamentable freno en su clase dirigente.

Ganar un título así es una gesta inconmensurable, solo al alcance de un grupo deportivo excelente, un seleccionador ya legendario y un impulso social masivo.

Es decir, todo lo contrario a lo que representa un presidente y un Gobierno sustentado en lo opuesto: una constante devaluación de la propia idea de Nación, un sometimiento eterno al proyecto destructivo del separatismo y una apuesta intolerable por el frentismo, la polarización y los muros.

España siempre ha sido un país plural y diverso que, lejos de convertir esas circunstancias en elementos de separación, lo ha convertido en un ingrediente fundamental de su unidad: solo las grandes naciones disponen de esa riqueza histórica, fruto de su papel en el mundo durante siglos, y solo los políticos mediocres o débiles lo intentan transformar en argumentos de ruptura.

La obscena manipulación de esa diversidad para intentar justificar desastres como las políticas migratorias o las cesiones al independentismo ha chocado, sin duda, con el abrumador apoyo de los españoles a su selección y a los valores que representa: todos están para sumar y no se queda fuera nadie que comparta ese espíritu.

La irrelevancia de Sánchez en la final muestra el inmenso abismo existente entre él y su país. Y el fracaso de sus intentos de politizar el Mundial, hinchando polémicas absurdas por los artículos de Rajoy en El Debate o queriendo explotar hasta al hermano de Lamine Yamal como ejemplo de sus políticas, una prueba más de su marginalidad.

España es un gran país cuando rema unido, integrador y tolerante, acogedor y hospitalario, más proclive a la convivencia que al enfrentamiento y, eso sí, exigente en el respeto a sus valores, tradiciones y normas. Justo lo contrario al proyecto político de un negligente, frívolo e inmoral con los días contados.