Iván Libreros-Vozpópuli

  • Los servicios de inteligencia se hartan del negacionismo de Moncloa con los informes sobre la invasión, a expensas de que los informes judiciales arrojen luz a un asunto de Estado

Quien pensara que la comparecencia de Margarita Robles, ministra de Defensa, en la Comisión del Congreso de los Diputados iba a aclarar las dudas existentes sobre la invasión de 80.000 marroquíes que sufrió Ceuta el pasado 30 y 31 de julio, se equivocó de lleno. De hecho, las palabras de la ministra sirvieron para reabrir dos de las guerras internas más antiguas y virulentas que están quebrando el espíritu resiliente del tardosanchismo.

Robles, a diferencia del discurso oficialista empleado por Moncloa desde la crisis migratoria, defendió ante las Cortes que los servicios de inteligencia, CNI y CIFAS, realizaron un trabajo sobresaliente en los días previos y posteriores al incidente. La titular de Defensa fue un paso más allá, desmontando el relato oficialista, alegando que el Centro Nacional de Inteligencia sí compartió informes con la Delegación del Gobierno en Ceuta que alertaban de una ocupación inminente.

“Operativamente en Ceuta, Fuerzas Armadas, Servicios de Información y CNI realizaron la labor que les es exigible. Atendieron y analizaron con Fuerzas Armadas y con personal de la Delegación del Gobierno”, reiteró Robles ante la Comisión de Defensa. Antes de ello, puso el foco en la labor de todos los agentes repartidos por la nación. “Quiero reconocer la labor de los profesionales del CNI y el CIFAS, que con la profesionalidad y el deber de secreto que les caracteriza, han realizado un gran trabajo”.

El CNI parte en dos al Gobierno

Robles tendió un puente entre la inteligencia española y el Ejecutivo, una relación completamente rota desde hace mucho tiempo. ¿El motivo? La colonización por parte del Gobierno de puestos claves en el CNI para ‘colocar’ a sus afines. Una traición al espíritu de las instituciones que tiene a muchos miembros en rebeldía contra esta estrategia de Sánchez.

Se trata de una dinámica “de años” por la que los servicios de inteligencia, no solo el CNI, sino también los servicios de información adscritos al Ministerio del Interior, han venido registrando en su cúpula una paulatina “infiltración política” dirigida a controlar mediante la inclusión en puestos claves de ”afines al Gobierno”, en un proceso que las fuentes consultadas comparan “con lo que también ocurre en la Guardia Civil”. Como consecuencia directa de esta práctica, muchos de sus miembros han optado por pasar a la reserva, circunstancia aprovechada por Moncloa para cubrir esas vacantes con «mandos cercanos, o como poco menos exigentes con el deber de neutralidad”.

Fuentes políticas cercanas a los acontecimientos vividos en Ceuta lanzan un mensaje rotundo en conversación con este periódico: “El tiempo pondrá a cada uno en su lugar”. Un tiempo que no se fija únicamente en el posible cambio de Gobierno que puede vivir España en julio del 2027, cuando la hasta ahora oposición levante las alfombras de los tejemanejes, más bien concreta estas revelaciones al futuro inmediato de las investigaciones judiciales en marcha.

La Guardia Civil está trabajando con esmero y dedicación en la elaboración de los informes judiciales sobre la invasión, los cuales detallarán al milímetro qué sucedió en los días previos a la invasión. Ahí descubriremos, según apuntan fuentes conocedoras, la realidad que Moncloa lleva cerca de un mes ocultando. La sensación que reina en muchos sectores del CNI es de absoluta indefensión por el maltrato que el Gobierno lleva ejerciendo contra ellos de forma directa (colonizando puestos) e indirecta (con declaraciones incendiarias como las del ministro Grande-Marlaska).

Una guerra cruda y real, que preocupa al Ejecutivo por la trascendencia que puede acarrear tener al CNI levantado en armas. Mientras Robles levantaba un puente en el Congreso, el ministro del Interior incendiaba un bosque minutos después. Fernando Grande-Marlaska no dudó en contradecir a la ministra de Defensa, señalando que esos informes del CNI a la Delegación del Gobierno jamás existieron.

Marlaska y Robles, enemigos íntimos

Preguntado expresamente por las declaraciones de Robles, Grande-Marlaska defendió que no existía ningún informe que permitiera anticipar la magnitud de lo ocurrido en Ceuta. “No había ningún informe que atisbara que el 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció”, afirmó el ministro durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

En segundo plano, la invasión de Ceuta y la batalla por controlar al CNI han servido para volver a prender la mecha de la discordia entre Marlaska y Robles, dos ministros que nunca comulgaron con la misma versión del sanchismo. Ambos llevan en el Ejecutivo desde 2018, los únicos junto a Luis Planas, titular de Agricultura, que han sobrevivido a todas las crisis. Entre ellos, y así lo relatan fuentes internas del Ejecutivo, la relación es nula, escasa en el mejor de los escenarios, depende a quién consultes.

Defensa e Interior son dos ministerios con empaque de Estado, quizá los dos más importantes junto a Transportes. La guerra híbrida impuesta por Marruecos les ha separado, como se vio en el episodio de 2021, cuando 10.000 marroquíes cruzaron la frontera como preludio de la crisis del mes de julio. Además, asuntos como Pegasus, el supuesto espionaje a los independentistas, la crisis en la Guardia Civil y fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y ahora Ceuta han terminado de dinamitar a dos personalidades antagónicas. Lo de ayer fue solo una página más en el libro del desencanto.