Editorial-El Correo
- La condena por prevaricación supone el primer golpe judicial al entorno del presidente, en un fallo unánime frente a la absolución que pedía la Fiscalía
La sentencia sobre el ‘caso Azagra’, en referencia al nombre utilizado por David Sánchez para distanciarse de su hermano Pedro y preservar un anonimato hecho ahora añicos, supone el primer golpe judicial al entorno personal del presidente del Gobierno. Pese a excluir cualquier pena de prisión, la resolución avala las presuntas irregularidades en la contratación de Sánchez en 2017 en la Diputación de Badajoz como coordinador de los conservatorios. El fallo, dictado por unanimidad, es contundente: condena a nueve años de inhabilitación al familiar del jefe del Ejecutivo por prevaricación administrativa. El castigo se repite para los otros nueve imputados y se agrava a 18 años para al exlíder del PSOE extremeño y entonces responsable de la Administración pacense Miguel Ángel Gallardo. A todos ellos se les considera partícipes de haber amañado la plaza de alta dirección que recayó en David Sánchez Pérez Castejón.
La Audiencia provincial descarta el tráfico de influencias por el que también habían sido imputados al no ver presiones acreditadas ni despejar quién dio la orden de crear la plaza. Sin embargo, se centra en los retoques con el que diseñaron «un traje a medida» y se amoldaron a las necesidades del músico, interesado en sus proyectos operísticos. El enchufe sigue en el foco, aunque su origen haya prescrito. La ilegalidad no radica en una elección a dedo, sino en la modificación ‘ad-hoc’ del nombre del puesto, funciones y ubicación sin justificación en beneficio del hermano del presidente. Aceptar un sistema de privilegios vulnera de forma flagrante el principio de igualdad que debe garantizar todo concurso público, basados en el mérito, la capacidad y las mismas oportunidades. David Sánchez, con experiencia en diferentes teatros y orquestas europeas, accedió al puesto y lo consolidó en condiciones ventajosas sobre los demás, ya con Pedro Sánchez en la Moncloa.
Los jueces consideran probado que los funcionarios condenados firmaron para «complacer a su jefe», Gallardo, aunque sigue la sospecha sobre si éste último lo hizo por contentar al suyo. Más allá de la previsible crispación política –el PP exigía ayer a Sánchez poner fin a su ciclo político, el PSOE denunciaba un intento de «derribar» al Gobierno y sus aliados cuestionaban una condena «desproporcionada»-, la sentencia abre una brecha institucional: la Fiscalía, encargada de defender el interés público, solicitó la absolución de los implicados, mientras la Audiencia de Badajoz ha visto un delito de prevaricación que pasará a la historia.