Tonia Etxarri-El Correo
El presidente del Gobierno está tan harto de sentirse acorralado por la crisis interminable de Ceuta que ayer, al finalizar la sesión del control parlamentario, preguntado por los periodistas por qué, todavía, un millar de menores inmigrantes pulula por las calles de la ciudad autónoma, no se le ocurrió mejor respuesta que pasarle el balón de la responsabilidad al presidente ceutí. Nada menos. «Eso, a Vivas. Pregúntenle». Pero qué cosas se nos ocurre preguntarle al presidente ¿eh? Con lo que le incordia, ya, Ceuta. ¿A mí qué me cuentan? podría haber añadido. O podría haber entonado aquella canción de Luis Eduardo Aute (ahora que aparece como consejero musical en las redes), ‘Pasaba por aquí’, porque, en su caso, es cierto. Pasó por allí. Por Ceuta. Estuvo un rato el 31 de julio. Y después de decir que la avalancha de 80.000 inmigrantes había supuesto un «ataque» y una «violación de la integridad territorial de España» se fue de vacaciones y abandonó su postureo de firmeza para no hablar nunca más con Juan Jesús Vivas.
Ayer no pudo escudarse en la muletilla que utilizó tras las inundaciones de la dana («si necesita más recursos –la Generalitat valenciana–, que los pida») porque Vivas no solo pidió ayuda reiteradamente sino que alertó, dos días antes, de que venía la marabunta. Y lo hizo tantas veces que en La Moncloa le llegaron a llamar pesado.
Pero subió un peldaño más hacia la ignominia al no responder a las preguntas que la oposición le formulaba. Ni siquiera por respeto a los ceutíes. Si tanto se está dejando la piel, como asegura, ¿qué inconveniente hay en responder a Feijóo si ha hablado personalmente con Mohamed VI? Lo más oprobioso es saber que hacer este tipo de preguntas es considerado por los socialistas como un ataque a Pedro Sánchez. Un presidente que dio una vuelta de tuerca más a su desentendimiento al reirse cuando le mencionaban, desde el banquillo de la oposición, su tocata y fuga hacia Lanzarote dejando a los ceutíes abandonados.
Y rozó la provocación al echar la culpa al presidente de Ceuta. Sánchez está al mando de La Moncloa pero sabe que la gente no le quiere. Por eso no sale y prefiere deleitarse con las encuestas del CIS de Tezanos. No suele llevar bien la competencia con otros líderes. Y no puede disimular su rencor con los que le eclipsan. Lo ha hecho, ostensiblemente, con el Rey Felipe VI. Y ahora lo está haciendo con el presidente de Ceuta, a quien aclaman por las calles y, para más inri, le ganó en audiencia televisiva en la entrevista del pasado lunes.
Si empezó la crisis culpando a Israel, Rusia, la internacional ultraderechista, actores no estatales, mafias diversas, redes y demás poderes ocultos, ayer decidió desatar la campaña contra el presidente de Ceuta.
No es casualidad. Este ataque irresponsable del presidente del Gobierno persigue neutralizar la imagen de empatía y liderazgo de la que goza el presidente ceutí, que ha decidido no callarse ante la dejación gubernamental. Vivas se puede convertir en un activo muy potente en la próxima campaña de las elecciones generales. Se ha ganado un respeto transversal, no solo del PP. Lo hemos visto en esta crisis. Su credibilidad puede ser un arma muy poderosa que no la va a poder contrarrestar el PSOE con un Pedro Sánchez acompañado de Rodríguez Zapatero.