Koldo Domínguez-El Correo

Francisco Llera | Catedrático emérito de Ciencia Política de la EHU

  • El sociólogo leerá este martes su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Fue durante décadas uno de los estudiosos más relevantes de la política vasca. Catedrático (ahora emérito) de Ciencia Política por la EHU, Francisco Llera fundó y dirigió el Euskobarómetro hasta su desaparición. Toda una vida dedicada a la docencia e investigación que este martes se verá coronada con su nombramiento como uno de los 44 académicos de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, todo un «honor» que le sitúa entre la élite del pensamiento del país.

– ¿Qué dice de la política española la imputación de Zapatero?

– Desgraciadamente, llueve sobre mojado. No olvidemos a Rodrigo Rato, por ejemplo. España está muy bien en los rankings mundiales de calidad democrática pero tenemos déficits, fundamentalmente, vinculados a la falta de regulación de los ‘lobbies’, esa mezcla de lo público y de lo privado, a la corrupción. Es casi endémico, parece estar en nuestro ADN.

– Se le nota decepcionado.

– Sí, muchísimo. Estos casos siempre son una desgracia. Pero en estos momentos, mucho más.

– Explíquese.

– El contexto político actual es muy peligroso y estos casos, con la polarización que hay, lo agravan aún más. Da más argumentos a los populistas.

– ¿El sistema democrático está amenazado?

– Ya hubo una amenaza de quiebra del sistema en 2015 con Podemos. Aunque las señales venían de antes con la desafección política. Es decir, el abandono de los partidos, la desconexión de la gente, la desconfianza, la pérdida de crédito.

– ¿Por qué?

– Porque la percepción de la gente es que, mientras las cosas van bien, el famoso consenso social funciona. Pero llega la crisis financiera de 2008 y el sistema quiebra. Vienen los recortes con Zapatero, precisamente, y de ahí el movimiento del 15-M y los indignados. Mucha gente se queda en la estacada y si ya no hay reparto de beneficios…

– La gente se siente engañada.

– Claro, tiene problemas, su sueldo no llega, no puede acceder a una vivienda. Y los partidos tradicionales no saben responder, se quedan petrificados. Algunos desaparecen, como ha pasado en Europa. Y otros intentan recuperar el consenso, la moderación y el entendimiento, pero llegan tarde. Y como la gente no les escucha, porque han perdido la confianza, la distancia es cada vez más grande. Y entonces creen que la solución es exagerar, polarizar y aparece el populismo.

– Usted habla de «fatiga institucional».

– Lo dijo en el arranque de la legislatura Pedro Sánchez: gobernar sin el Parlamento. En una democracia liberal representativa, eso no puede ser. Y tampoco gobernar sin Presupuestos. En ese escenario las instituciones pierden sentido. Es lo que los politólogos llamamos ‘gobernar el vacío’. Y eso nos lleva a una quiebra democrática y al autoritarismo.

– ¿Autoritarismo?

– Ante el desorden, el populismo pide mano dura y orden. Y ahí puede surgir un líder, teóricamente democrático, que se convierta en un autócrata. Trump, por ejemplo.

– ¿Y ese peligro está en España?

– En España ocurre una cosa muy curiosa. Somos el único país de toda Europa en el que resisten los dos grandes partidos del consenso y de defensa del Estado del bienestar. Pero tenemos que respetar el diseño institucional que ya tenemos. Empezando por la separación de poderes, que es sagrada en democracia.

– ¿Qué más?

– Tienen que dejar de hablar de ‘lawfare’ y de cuestionar al Poder Judicial. Eso es muy peligroso. Es el que vela por la calidad de todo lo demás, que todo funcione de acuerdo con las reglas. Entonces, si nos cargamos eso, ¿en quién confiamos? ¿En quién va a confiar la gente de la calle? ¿Cómo le vas a pedir al ciudadano que respete a los poderes públicos? Es una pérdida de autoridad generalizada.

– ¿Es partidario de los cordones sanitarios a partidos?

– No, salvo que esos partidos promuevan la violencia o vayan en contra de los principios constitucionales. Aquí lo que sí ha habido es un muro, que es el que planteó Pedro Sánchez. Lo puso donde acaban los suyos. O sea, según él, la derecha no puede gobernar nunca más en España. Eso es muy fuerte, es una ruptura, es una deslealtad constitucional.

– Es muy crítico con Sánchez, pero Feijóo…

– El que está gobernando tiene más responsabilidad. De todas maneras, esto, la polarización y el tensionamiento, empezó con Zapatero. Con la crisis de 2008 aprobó recortes importantes en el Estado del bienestar y, por lo tanto, en contra de su base social. ¿Cómo lo vende? Exagerando la cara negativa del que podía venir en vez de él. Y es lo que hace Sánchez con todo el desparpajo del mundo.

– Pues no le van bien las cosas.

– La torta en Andalucía ha sido enorme. De hecho, si Juanma Moreno llega a radicalizar su discurso, consigue la mayoría absoluta. Si hubiera sido un poco más agresivo y populista, lo logra. Pero puso por delante la moderación frente a la sal gorda.

– Usted ejerció la docencia durante años en la Universidad pública. ¿Cómo ve la actual EHU?

– ¿La verdad? A mí me duele la UPV. Me duele lo que está pasando. Esa no es la universidad en la que yo crecí y a la que contribuí como académico. En estos momentos está inmersa en una dinámica identitaria… Pero como en todo el país. Aquí hay vascos de primera, de segunda y de tercera.

– ¿Y esa catalogación?

– Hay vascos de primera, que son los ‘vascos vascos’, los nacionalistas, soberanistas… Hay vascos de segunda, los ‘españolazos’. Y luego hay vascos de tercera, que son los inmigrantes. Eso es evidente. Los de primera te dirán que no, pero no lo pueden decir porque está mal visto y aquí hay mucho buenismo camuflado. Se habla de integración, de asimilación y demás. Pero en el fondo se sienten amenazados. Ahí tenemos a Aliança Catalana.

– ¿Cree que puede surgir aquí un movimiento como ese?

– ¿Lo duda?

Parte de la contienda

– Vayamos con su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas: ‘La Corona ante los retos de una democracia polarizada’. La que ha estado cuestionada ha sido la propia Corona con Juan Carlos I.

– No hubo un cuestionamiento serio. Sí hubo una descalificación de la conducta del Rey. Pero la clave es que la Corona supo reaccionar. La abdicación fue fantástica, y el cambio que hizo Felipe VI y la distancia que tomó de su padre, también. Él es su hijo y seguro que fue doloroso, pero sobre todo es Rey y tenía que defender la institución con su propio criterio, no con el de su padre. Y le salió bien. La Corona ha recuperado el apoyo popular.

– Se define como un ‘rojeras’… ¿monárquico?

– Sí, absolutamente. La monarquía democrática parlamentaria, que es la monarquía más republicana, está en el top de las democracias de máxima calidad. No todas las repúblicas están ahí. Todo lo contrario. Es una cuestión de rendimiento institucional.

– Hablemos de Felipe VI. Visto el panorama político actual, ¿se la juega si comete el más mínimo error? ¿Su margen es mínimo?

– Sí, sí. La Corona tiene una función, sobre todo, simbólica. Significa la unidad, continuidad, estabilidad, que son valores que pueden parecer abstractos, pero no lo son. Y significa la posición suprapartidista, la moderación. Entonces, ¿cuál es el mayor riesgo que puede correr? Que en una exacerbación de la polarización y del conflicto político, le mezclen en la pelea. Y que pueda ser percibido por una parte de la sociedad como parte de la contienda.

– ¿Así que no se le puede exigir a Felipe VI que se implique más en la política?

– No, porque entonces automáticamente se convertiría en parte de la contienda. Sí tiene que implicarse en la función de moderación. Insisto, él tiene una función muy importante, que es la simbólica. Representa la continuidad de la nación y la defensa de la Constitución.

– ¿El discurso del ‘procés’ fue un momento clave de su reinado?

– Absolutamente. Y una parte del nacionalismo catalán no se lo perdona. Y lo único que dijo fue: ‘oiga, hay que respetar la Constitución’.

– La valoración del Rey es muy alta en toda España, salvo Cataluña y Euskadi.

– Es lógico. El nacionalismo, equivocadamente, no le reconoce legitimidad a la Corona porque entiende que es un impedimento para la independencia. Pero se olvidan de que el principio de foralidad del País Vasco no se entiende sin la Corona. Es la fuente de legitimidad del autogobierno.

– Pues el rechazo está ahí.

– Es un rechazo instrumental. El nacionalismo utiliza la deslealtad constitucional para sacar réditos.

– Y a Vox tampoco le gusta Felipe VI.

– Vox está cayendo en esa misma dinámica extremista porque le ve demasiado moderado. Pero si tú crees en la nación y crees en la Constitución, no te puedes cargar la Monarquía porque es la clave de bóveda del sistema. El mejor traje democrático para España es la Monarquía parlamentaria.

– ¿Ser monárquico es ser de derechas?

– No, aunque hay una parte de la izquierda que sigue creyendo que para ser de izquierdas hay que ser republicano.

– Sin la figura del Rey como jefe de Estado, ¿cómo sería hoy España?

– Echémonos a temblar. No me lo quiero ni imaginar. Me temo lo peor. Con la calidad de las élites que tenemos y la dinámica política que arrastramos, ¿se imagina qué presidente de la República podríamos tener?

– Si le va bien a Felipe VI y en un futuro a Leonor, ¿le irá bien a España?

– Sin duda ninguna. Los datos de aceptación de la princesa Leonor son alucinantes. Casi dos tercios de la población española dice que será una buena jefa de Estado. Y la mayoría no tiene ninguna duda de que Leonor reinará. Y además, es un cambio muy significativo, es una mujer. Y añade la imagen de su madre, que le ha dado a la Corona un valor que no tenía siendo una plebeya.