El partido melancólico

IGNACIO CAMACHO – ABC – 06/02/16

Ignacio Camacho
Ignacio Camacho

· Rajoy ya no es el líder que maneja los tiempos; sólo el que los deja correr a la espera de un quimérico golpe de suerte.

Iban a oír una arenga, o eso creían, y salieron con moral de derrota. La mañana del jueves, Mariano Rajoy no fue capaz de insuflar moral a sus propios diputados. Lo notaron abatido, melancólico, resignado. Ya no es el hombre que maneja los tiempos; sólo el que los deja correr a la espera de un quimérico golpe de suerte. Sus huestes se agarran a cualquier atisbo de desencuentro entre Sánchez e Iglesias, aun a sabiendas de que se trata del típico tira y afloja de una negociación con muchas probabilidades de éxito.

No entienden cómo el presidente ha permitido crecerse al líder socialista, del que sienten cierta envidia porque al menos se tiene fe y sobrevive a base de creer en sí mismo. Tampoco a cierta na explicarse porqué La Moncloa ha renunciado a atraerse a Albert Rivera, despreciándolo por su irrelevancia aritmética. «No nos iba a dar la mayoría, pero es el único que nos puede librar del cordón de aislamiento, y acercarnos a él nos hubiera servido para mantener la iniciativa». Todo lo dicen en voz baja, en confidencias privadas, murmullos de marineros obedientes pese a su inquietud por el rumbo de la nave. El PP es un partido de disciplina, tal vez el único capital que aún no ha perdido.

Y luego está lo de Valencia. «Aquello es para entrar en la sede con un lanzallamas. Pero el jefe parece como si no lo entendiese, como si le quitase importancia. Quizá lo haga para mantener la cohesión en estos momentos críticos, aunque la impresión que da es la misma de todo el mandato: que no acaba de ser consciente del daño que nos ha hecho la corrupción. Y eso es esencial porque mucha gente piensa que nos lo va a seguir haciendo al menos hasta que toda la cúpula esté biográficamente libre del pasado». El problema, y lo saben, es que esa clase de renovaciones, de purgas, sólo se pueden abordar desde la oposición. Y no hay nadie nunca en ningún partido que esté dispuesto a abandonar el poder para purificarse. Eso sólo se hace, como los profetas evangélicos, durante una estadía en el desierto.

«Pero si nos vamos, será por un período largo. Sánchez puede estar casi todo el mandato. Una vez que sea presidente, a ver quién es capaz de montarle una moción de censura. Como entre no se le podrá echar ni con agua caliente. Por no hablar de cómo quedaremos nosotros y de qué puede pasar con Ciudadanos. Igual se disipa la novedad y se vienen abajo que aprovechan para comernos por las patas». Ese es el panorama: un centroderecha dividido, con el PP hostigado, acaso criminalizado, en plena recomposición. «Por eso nadie le tose a Mariano.

Todo el mundo sabe que se tendrá que ir, pero como no sea una retirada en orden habrá desbandada. En caso de nuevas elecciones será candidato, sí, y volveremos a quedar igual… o peor porque ya no vende una escoba. Sin embargo, ahora mismo… ¿se puede hacer otra cosa que mantener una leve, mínima esperanza?».

IGNACIO CAMACHO – ABC – 06/02/16