IGNACIO CAMACHO-ABC

  • Sánchez pretende ‘sanchizar’ Europa. Exportar a la UE la estrategia de la crispación cívica y la hostilidad ideológica

A Sánchez se le queda chica España y pretende exportar la estrategia del muro contra la convivencia. Pocos precedentes existen de un dirigente de la UE que haya convertido el debate sobre su presidencia de turno en una gresca. Cualquiera podría pensar que se trataba del comienzo de una campaña propia –hay elecciones comunitarias en primavera– con la vista puesta en la cúpula de la jerarquía europea: he aquí el líder idóneo para frenar la escalada continental de la ultraderecha. Pero en realidad se trataba más bien de un ejercicio de autodefensa, un alegato de propaganda para justificar la amnistía ante la opinión extranjera. Justo el que había esquivado la víspera en el Parlamento español, que ya le debe de parecer un escenario insignificante, un marco inapropiado a su proyección de paladín planetario. En Estrasburgo, además, estaba Puigdemont, el tipo al que iba a traer esposado y ahora es testigo de primera mano de la generosidad de su liderazgo. El ‘conflicto’ catalán a la altura internacional, de Estado a Estado, que los independentistas siempre soñaron.

En Madrid había dejado a los espadas subalternos para torear en el Congreso. Pretorianos deseosos de hacer méritos despachando ante la oposición los enojosos asuntos domésticos: el lío del poder judicial, los privilegios fiscales de Cataluña, esa alcaldía pamplonesa regalada a los herederos de ETA como prenda de su flamante blanqueo. (A ver si alguien se había creído que los votos de Bildu no tenían precio: y éste es sólo el comienzo). Pan comido; el único escollo serio está en Estrasburgo y Bruselas, donde los socialistas carecen de mayoría y los tribunales miran con malos ojos los ataques contra la independencia de la Justicia. Quizá ahí sea menester hilar con aguja más fina de la que ayer empleó para acusar a conservadores y liberales de complicidad con los fascistas. Pero la línea está decidida y es la de la confrontación elevada a la máxima potencia política. Trincheras y murallas, posverdades populistas, ruido y furia, fragor de banderías.

Con la socialdemocracia en horas bajas, en Moncloa parece haber surgido la idea de ‘sanchizar’ Europa. Soltar los viejos demonios de la hostilidad ideológica en las instituciones surgidas de los escombros bélicos que devastaron la Historia. Sepultar la razón, el consenso, la concordia, en una atmósfera de crispación trufada de alarmas oportunistas y mentiras estruendosas. Presentarse como portador de una falsa misión redentora. Ayer ladró un perro en la sede alsaciana de la Eurocámara y las redes se llenaron de ‘memes’ y bromas. ¡¡’Perro Xanxe’!! Menos mal que queda la guasa, la risa aristotélica, como antídoto moral de un clima irrespirable. El humor siempre será una herramienta más eficaz que la bronca verbal para deconstruir este aciago desbarre antes de que el ventajismo, la demagogia y el trucaje se lo lleven todo por delante.