Bieito Rubido-El Debate
  • Ahora, cada vez que no nos guste la resolución de un juez, podemos acudir al CGJP. ¿Saben una cosa? No nos harán caso, ni se reunirán en domingo, porque no somos la esposa de un aprendiz de sátrapa

El Poder Judicial, con más luces que sombras, ha resultado ser el mejor bastión y el más inexpugnable de la democracia española en medio de los embates y ataques a los que ha sido sometida por parte de Sánchez y algunos de sus más conspicuos colaboradores, Marlasca de manera muy significada, junto con Bolaños, Pumpido, los Óscar y demás pandilla. Personajes que han perdido todo el respeto por parte de la ciudadanía. Cuando hablamos del Poder Judicial, me refiero a los jueces de la más diversa índole y posición. No al Consejo General. Los jueces, unos en instrucción y otros en instancias superiores, han sido los mejores defensores del Estado de derecho. Sin él no hay democracia. Claro que, entre los jueces, habitan personajes de toda condición y para eso, desde el Derecho romano, se puede acudir a instancias superiores. Otra cosa distinta es cuando alguien, aprovechándose de su posición, pone todo tipo de obstáculos al trabajo de los jueces. Ese es el caso de Begoña Gómez, la esposa de Sánchez, cuyo último episodio fue la convocatoria urgente ayer domingo de la Permanente del Consejo General del Poder Judicial. Parece que no había nada más importante en España que acudir en rescate de Begoña y tratar de denigrar a Peinado.

Policías, ministro del Interior y otras hierbas sectarias se han escandalizado porque el juez Peinado, en la motivación de su decisión de retirarle el pasaporte a la ciudadana Begoña Gómez, mostrase su temor a una posible colaboración de los escoltas policiales. La verdad es que eso no debería ser una ofensa. En puridad del significado de esas palabras, es una hipótesis verosímil que justifica la medida. La afirmación, siendo discutible, forma parte, insisto, de la motivación y no cuestiona la honorabilidad de las fuerzas del orden y de seguridad de España, sino la duda fundada en antecedentes. Roldán, director general de la Guardia Civil, se fugó con escoltas; entonces los llamaban «los patas negras». Puigdemont hizo lo mismo hasta dos veces. Por no hablar de las irregularidades de Villarejo o las noticias ya conocidas de Leire Díez con la propia directora general de la Benemérita. ¡Anda que está la España de Sánchez como para dar lecciones morales al resto!

El gobierno de los jueces se reúne hoy para tratar sobre la queja de Marlasca y sindicatos policiales acerca de la motivación del texto de José Luis Peinado. El CGPJ puede sancionar disciplinariamente, pero no le corresponde la parte jurisdiccional, que en este caso es competencia de la Audiencia Provincial. Así que lo mejor que puede hacer el organismo que preside doña Isabel Perelló es respetarse a sí mismo, es decir, dejar las competencias a la Audiencia Provincial y no invadir la autonomía de los magistrados. Otra cuestión sería una sanción disciplinaria que, por otra parte, a Peinado se la refanfinfla, ya que el 27 de septiembre se irá a casa con la sensación del deber cumplido.

Creo que es obligación de todos aquellos que creemos que la democracia española está en peligro en manos de Sánchez denunciar este tipo de tropelías. De nuevo la doble vara de medir. ¿Recuerdan a José Ricardo de Prada, que coló un párrafo extemporáneo e impertinente en la sentencia de la Gürtel que le sirvió de disculpa a Sánchez, con 84 escaños, para presentar una moción de censura? Lo que no recuerdo yo es que el CGPJ hubiese hecho nada. Finalmente, el Tribunal Supremo le sacó los colores. La izquierda sectaria –se supone que hay otra izquierda democrática en España, no es desde luego la que ahora gobierna– tiene una enorme sensibilidad para lo suyo y es fría como un témpano para con los demás.

Ahora, cada vez que no nos guste la resolución de un juez, podemos acudir al CGPJ. ¿Saben una cosa? No nos harán caso, ni se reunirán en domingo, porque no somos la esposa de un aprendiz de sátrapa. Ese es el problema de España: que la justicia no es igual para todos y ya tenemos unos buenos ejemplos. Como para fiarnos de Bolaños y Marlasca. Ellos todavía no saben que, como dijo Napoleón, no hay nada más poderoso que un juez de instrucción en Madrid.