Editorial-El Correo
- La investidura de Moreno Bonilla con el apoyo de la extrema derecha de la que abjuraba culmina los acuerdos de gobierno en cuatro comunidades
La investidura de Juanma Moreno Bonilla como presidente de la Junta andaluza, aupado con los votos de Vox, culmina el ciclo electoral abierto por el Partido Popular en cuatro comunidades autónomas: Extremadura, Aragón, Castilla y León y ahora Andalucía. En los cuatro casos, la pretensión del PP al adelantar las elecciones se ha cumplido a medias. Por un lado, ha logrado retratar el deterioro del PSOE, especialmente hundido en las citas extremeña y andaluza. Por otro, ha conseguido con creces el objetivo de retener el poder gracias a victorias incontestables. Sin embargo, todas ellas han sido claramente insuficientes para el ambicioso reto marcado por Alberto Núñez Feijóo. Los populares buscaban reeditar con más fuerza su hegemonía para gobernar sin ataduras y dar un golpe de autoridad frente a la resistencia de Pedro Sánchez a poner las urnas de las generales. Lejos de volar solos, la realidad les ha obligado a pactar gobiernos de coalición con la formación de Santiago Abascal en las cuatro autonomías.
Para Núñez Feijóo, ha sido asumir un peaje cada vez menos oneroso al haber dado por superada la crisis de reputación que suponía acercarse a la extrema derecha. Para Moreno, el pacto tiene connotaciones más traumáticas al haber tenido que pasar por el aro de la ‘prioridad nacional’, a pesar de haber abjurado en campaña de los planteamientos más radicales y populistas de sus ahora socios. Está por ver cómo reacciona el electorado del centro derecha moderado, abanderado por el propio barón popular, y las consecuencias de esta alianza en la polarizada escena española: si se impone el pragmatismo aritmético del principal partido de la oposición en su legítimo propósito de abrir la puerta de La Moncloa o si, por el contrario, acaba pagando la factura de sus ataduras a un extremismo que niega principios esenciales en una democracia y que le cierra vías de acercamiento al nacionalismo vasco y catalán.
Moreno no quería nada de «líos» cuando se le cuestionaba por el pacto con Vox y ahora tendrá que afrontar la evidente contradicción de lidiar con la ultraderecha, instalada a su vera en la vicepresidencia de San Telmo. Puede sacar pecho de ser el presidente andaluz con el mayor respaldo parlamentario, pero seguramente nunca habrá estado tan condicionado como en este su tercer mandato. A pesar de las tensiones, los acuerdos PP-Vox ganan fuerza en el mapa autonómico, mientras la pierde el bloque de investidura de Sánchez en una legislatura que se agota.