John Müller-ABC

  • Hoy, nadie sabe cuándo convocará Sánchez. Probablemente él tampoco haya cerrado todavía todas sus opciones. Pero su comportamiento durante este verano ofrece una pista sobre cómo abordará la decisión

En política, controlar los tiempos es casi tan importante como controlar el poder. Pedro Sánchez lo sabe bien. Y en la crisis de Ceuta ha vuelto a demostrarlo: frente a una emergencia que exigía explicaciones inmediatas, ha optado por dosificarlas. Los ministros han ido viajando por turnos, las comparecencias se han aplazado o agrupado y el presidente ha conseguido mantenerse fuera de foco. No se trata tanto de silencio como de calendario. La técnica tiene una ventaja evidente. Cada día ganado permite sustituir la urgencia de los hechos por la administración del relato. Incluso las contradicciones son más manejables por entregas. Exteriores e Interior enfatizaron la devolución y la cooperación con Marruecos; Sanidad, Juventud e Infancia, la acogida y la protección. El episodio del cese de la responsable de comunicación del Departamento de Seguridad Nacional encaja en esta misma lógica.

La cuestión interesante es si este método permite interpretar el mayor calendario de todos: el electoral. Sánchez tiene varias ventanas posibles. El plazo máximo para convocar es el 28 de junio de 2027 (votaríamos en agosto); pero podría hacerlas coincidir con las autonómicas y municipales del 23 de mayo y aquellos que no quieren esto se decantan por marzo. Como diciembre reúne ingredientes políticos difíciles de ignorar, la hipótesis de votar el 6-D ha cogido fuerza. Uno de los factores en juego serían las ‘midterms’ de Estados Unidos. Pero para votar el 6-D hay que convocar casi un mes antes del 3 de noviembre. Ahí residiría la sutileza. Sánchez no necesita conocer los resultados. A él le basta con caminar políticamente en paralelo a Donald Trump.

Desde hace meses, el presidente del Gobierno intenta construirse un papel de némesis europea del trumpismo. Una campaña española posterior a las legislativas norteamericanas permitiría importar ese clima político independientemente de quién gane. Si Trump sale reforzado, Sánchez puede presentarse como el dique frente a una ola reaccionaria internacional. Si sale debilitado, podrá invocar el comienzo de una respuesta progresista de la mano de los Socialistas Democráticos de América (DSA) con los que quiere identificarse. El resultado cambia; el relato sobrevive.

Diciembre ofrecería además una ventaja doméstica: desplazar el juicio sobre la legislatura hacia una elección entre modelos políticos mucho más amplios. Menos balance de gestión y más combate ideológico; menos España y más Trump.

Hoy, nadie sabe cuándo convocará Sánchez. Probablemente él tampoco haya cerrado todavía todas sus opciones. Pero su comportamiento durante este verano ofrece una pista sobre cómo abordará la decisión. Sánchez rara vez se limita a esperar los acontecimientos: intenta ordenar su secuencia. Ceuta es una crisis migratoria, pero también un ensayo sobre el dominio de los tiempos. Y quizá el reloj que verdaderamente importa ya haya empezado a correr.