El Risitas catalán y el presidente ausente

LIBERTAD DIGITAL 02/05/15
PABLO PLANAS

La imagen del todavía presidente de la Generalidad a mandíbula batiente al lado del Rey mientras la chusma pitaba el Himno Nacional en el Camp Nou es la última evidencia de que ese tipo no sólo es un maleducado, un inconsciente, un incompetente y un peligro público e institucional, sino que además no se entera de nada. Según las leyes de la estupidez de Cipolla, el sujeto que manda en Cataluña habría pasado de malvado, aquel que perjudica a los demás para beneficiarse a sí mismo, a estúpido sandio, que es el ser que fastidia a todo el mundo sin obtener a cambio ningún provecho personal.

El Risitas catalán se relamía de satisfacción, incapaz de ocultar su gozo, henchido de ardor patriótico, a punto de hacer un charco de gusto, en éxtasis, con los pelos como escarpias. En un fondo del campo se leía «Jo ta ke irabazi arte», pegando fuerte hasta la victoria. El grito de guerra de los asesinos de la ETA. En el otro, «Fent història», haciendo historia. Miraba a un lado y al contrario y no podía dejar de mostrar su infinita complacencia, gozo y regocijo en esos 46 segundos en el que el Himno Nacional fue vejado por miles de merluzos en salsa verde y butifarras con pantumaca.

El protocolo en España es una ciencia oculta, más oculta incluso que la propia España, del tal manera que crucificaron al jefe del Estado entre dos ladrones. La realeza se distingue de la plebe en teoría por su saber estar y su savoir faire, de modo que el Rey aguantó estoico la silbatina. Cualquiera en su caso se habría largado del palco. Es lo que hizo Chirac en el 2002, cuando disputaron la Copa francesa el Bastia de Córcega y el Lorient de Bretaña, a la que la afición de los primeros prorrumpió en abucheos al compás de La Marsellesa.

A lo mejor Felipe VI no se quiso perder el verdadero espectáculo, el de la estulticia del bípedo que preside la Generalidad, quien después de sacar a los soplapitos a la calle ha perdido ciento diez mil votos que han engordado a Colau y a Fernàndez, el piquetero con el que se abrazaba aquel 9 de noviembre mientras Rajoy seguía el carrusel deportivo.

Dicen que Letizia se escaqueó. Y Rajoy. El marrón se lo comió sin goma Felipe VI, y, además de por herencia, se lo debe al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) del Gobierno, que subvenciona los silbatos y abona el sueldo, a costa de los ofendidos, del pájaro que se monda y se parte. No sabe que las campanas también doblan por él. Pero en el descanso le estamos pagando la juerga. ¿De verdad es lo que nos merecemos?