Isaac Blasco-Vozpópuli
- Españoles o ‘expañoles’, quizá convendría enaltecer por encima de cualquier otra la palabra ‘ciudadano’ como sinónimo exacto de contribuyente
Preguntarse si hay razones para sospechar que Pedro Sánchez pretende la manipulación del censo otorgando la nacionalidad incluso a quienes acaso no sepan situar España en el mapa es tan razonable como confiar en que los contrapesos democráticos garantizan la transparencia del voto exterior, aquí y en Buenos Aires.
Cuando se estaba redactando la Constitución ‘turnista’ de 1876, Alonso Martínez, su principal ponente, pidió opinión a Cánovas del Castillo, en ese momento presidente del Consejo de Ministros, sobre la definición idónea para la condición de español que debía figurar en el texto: “Pongan ustedes que español es el que no puede ser otra cosa”, dijo el político conservador en el que se miraba Manuel Fraga, pionero en esto de captar apoyos allende los mares.
Nunca se sabrá si el malagueño tiraba de una mala baba reveladora de cierto hartazgo respecto a sus compatriotas, o si simplemente aludía a la imposibilidad metafísica de que alguien nacido en Calasparra, o en Santiago de Cuba, pudiera tenerse por súbdito de Suiza o de cualquier otro país del mundo distinto de España.
Lo cierto es que, si el segundo fue el caso, alguien como Cánovas nunca pudo imaginar artificios como la Ley de Memoria Democrática, que bajo el objetivo de la reparación perseveran en la división de cualquier sociedad madura.
Acostumbrados a ver doblada la apuesta del delirio desde que el sanchismo decidió erosionar el legado de la Transición para subvertir una democracia representativa hasta convertirla en algo que no lo es, los españoles de aquí han decidido, en algunos casos, trocar su condición nacional por la de ‘expañoles’, en singular expresión del veterano periodista gallego Javier González Méndez. En su último libro, ‘Diario de un español. Crónicas de una democracia en la UCI’, este justifica su decisión de ‘expatriarse’ en la negativa a situarse a uno u otro lado del muro y a convivir con un pueblo que “ha renunciado a la exigencia y la soberanía frente al poder político”. En definitiva, que González, al contrario que un amplio sector pastueño e indolente, ha optado por hacerle un corte de mangas a Sánchez y a todo lo que políticamente representa aun a costa de perder la identidad que revela su pasaporte.
La definición de español, mutable como todos los calificativos identitarios, no puede retorcerse en un debate prefabricado en el que el presidente del Gobierno ha visto una ocasión más para que el PP entre a la muleta por no ser menos que Vox. Lo que abre otro motivo de inquietud sobre quién está en Génova a los mandos de la estrategia, en un momento en el que el cerco de las corruptelas que rodea el sanchismo registra un perímetro que se agranda con el paso de los días.
Españoles o ‘expañoles’, quizá convendría enaltecer por encima de cualquier otra la palabra ‘ciudadano’ como sinónimo exacto de contribuyente.