IGNACIO CAMACHO-ABC

  • En la feria del poder hay un carrusel en cuyos caballitos Sánchez siempre encuentra un sitio para sus amigos

‘Los caballitos que suben y bajan’ era el nombre de un coro del Carnaval de Cádiz en los ochenta. Representaba, claro está, un tiovivo, una de las pocas atracciones de feria que permanece inmune a los cambios de la tecnología y que sigue ejerciendo sobre los niños un reclamo sencillo, tranquilizador en su rutina de vueltas y vueltas sin misterio ni peligro. Su supervivencia y su inmutabilidad son una metáfora de la repetición del tiempo, una refutación del fluir heraclitano, un desafío a la imposibilidad de bañarse dos veces en las mismas aguas de un río. Y en cierto modo también un símbolo, como las puertas giratorias, del carrusel político, ese juego de rotaciones sin fin donde por mucho que vire el mecanismo siempre aparecen los mismos personajes aunque a menudo montados en caballitos distintos.

En la feria de Sánchez nunca falta un sitio para sus amigos. Si es menester los acomoda en el hipódromo de Madrid –para qué querrá el Estado un negocio hípico– aunque lo más parecido a un equino que hayan visto sean los del tiovivo en el que alguna vez habrán subido a sus hijos. Ya González cayó en la tentación de desembarcar a su compadre Sarasola en la Zarzuela, pero al menos aquel empresario multidisciplinar, mecenas del felipismo, era un veterano aficionado y conocía a fondo el tema, aunque ni así logró evitar la quiebra. Al actual jefe del Gobierno no le han dolido prendas para recolocar allí a su ex directora de prensa, víctima colateral de una remodelación interna, una carambola a tres bandas entre el partido, la SEPI –menudo papelón– y el aparato de la Presidencia. Unos suben y otros bajan agarrados a la barra de la fidelidad eterna.

Veamos. Cuando Redondo fue despedido de Moncloa hace un año, su segundo, Paco Salazar, se quedó sin trabajo. Como es sanchista de la primera hora le buscaron un hueco en pago por los servicios prestados, y fue a parar al hipódromo de la capital aprovechando una cierta experiencia en el que había creado en Dos Hermanas Francisco Toscano, otro de los principales respaldos que tuvo Sánchez tras ser defenestrado. Pero he aquí que el líder decide purgar a Adriana Lastra tras una crisis de confianza. Y sobre la cúpula de Ferraz aterrizan los peones de Moncloa: Patxi López, Pilar Alegría, María Jesús Montero… e Ion Antolín, responsable de comunicación que desplaza del cargo a Maritcha Ruiz Mateos, también antigua componente del ‘pedrismo’ pionero. Sin problema: Salazar de regreso al Gabinete con un puesto a medida -el redondismo cabalga literalmente de nuevo– y Ruiz a cubrir su vacante con unos cien mil `pavos´ de sueldo. Ale-hop, asunto resuelto.

Que no pare la música en el carrusel de la agencia de empleo en las instituciones y empresas del Estado. Correos, Paradores, el CIS, Indra, Renfe, el CSD, Serrano, Lucena, Franco, Táboas, Tezanos. La fiesta del poder: caballitos arriba, caballitos abajo.