Ignacio Camacho-ABC
- Los ciudadanos oyen el carraspeo de Simón y en un acto reflejo salen corriendo a aprovisionarse de papel higiénico
Por el amor de Dios, ¿no había entre todos los epidemiólogos, médicos, científicos, asesores y demás personal sanitario del Gobierno nadie más adecuado o con más crédito para informar del hantavirus que Simón el Embustero? ¿De verdad era necesario sacar de nuevo al tipo que puso la cara y la voz a las mentiras oficiales durante el confinamiento? ¿Quién habrá pensado que un ‘meme’ con patas puede tranquilizar a la población en una crisis de miedo? Pues ahí estaba, en todas las televisiones, enviando mensajes de calma con ese característico carraspeo cuyo recuerdo empuja a la gente a salir corriendo, en un acto reflejo, a comprar provisiones de papel higiénico o de esas mascarillas cuya utilidad negó con empeño hasta que sus jefes las impusieron por decreto.
El Ejecutivo de Sánchez no parece haber aprendido nada de la pandemia. Sigue apegado al encubrimiento, la manipulación y la deslealtad institucional cada vez que se enfrenta a una situación de emergencia, ya se trate de un accidente de tren, un apagón, una alerta sanitaria o una tormenta. Repite los mismos errores: contradicciones, ocultación, desconcierto, falta de transparencia, y en vez de serenar los ánimos desencadena un clima social de confusión y sospecha. Le falta costumbre de decir la verdad y colaborar con las autoridades territoriales en los asuntos que les afectan. Se las apaña para sembrar la alarma incluso cuando toma la decisión correcta y lo único que consigue es incrementar la preocupación por el problema.
El presidente canario tiene razón en su queja porque la comunidad donde va a atracar el crucero ha sido ignorada; Pedro ya se ha olvidado de aquella ‘cogobernanza’ con que durante el covid pretendía compartir la responsabilidad de las medidas más antipáticas. No la lleva, sin embargo, en su rechazo a la acogida del barco de marras. Primero porque la travesía contemplaba la escala en Canarias, luego porque las competencias epidemiológicas son del Estado y por último porque existe un derecho de atención obligada, además de que catorce de los pasajeros son españoles que vuelven a España, donde los recursos sanitarios son bastante más eficientes que en una pequeña isla de África. Otra cosa es la descoordinación, la ausencia de comunicación, la desconfianza.
Y eso lo que revela es la falla esencial del modelo autonómico, cuya dispersión e hipertrofia han evaporado el concepto esencial de nación de ciudadanos. Este sistema cuasi federal sólo puede funcionar bajo un recíproco compromiso solidario que el sanchismo ha roto al primar a sus aliados. El Gobierno se arruga ante los soberanistas catalanes y vascos mientras trata a las demás comunidades con modos autoritarios, sin colaboración ni franqueza ni diálogo. Clavijo acaba de descubrir, menuda novedad, que lo han engañado. Los compatriotas que se creyeron a Simón el Falsario y su comité de expertos fantasmas se percataron hace años. Por la cuenta que nos trae, esperemos que ahora sea verdad el tristemente célebre aserto de «uno o dos casos».